jueves, 4 de junio de 2015

¿LA CADERA? A MI AMIGA MARTHA BARNES


RE: ¿La cadera? A Martha Barn 

Pero, querida Martha, la cadera hay que emplearla para más cosas que para romperla...Cuando éramos más jóvenes, un golpe de cadera inocente, derretía a funcionarios rebeldes de ventanillas y nos daban ese papelito que tanta falta nos hacía y que se inventaban con alguna pega tonta y prescindible...O en combinación con una lágrima sutil  y estudiada al alejarnos de su mesa, convencía al profesor de corazón blando para subirnos unas décimas en la nota de esa asignatura que tan mal se nos daba. Con un golpe de cadera, hemos abierto puertas que se nos resistían y hemos logrado un puesto mejor en los abarrotados conciertos usándola como eficaz "abre caminos".  Nos hemos puesto en primera fila gracias a "los caderazos". Apoyando las manos en ellas, así, en plan "matona", hemos asustado a quien teníamos que asustar si se atrevía a pasar unos límites. Y...en la cadera, hemos cargado a horcajadas a nuestros hijos para aguantarlos más tiempo en su descanso junto a nuestro cuerpo.

¿Cómo se te ocurre romperla, amiga mía? ¡Qué insensatez! Te sugiero que, una vez que ya esté debidamente remendada, arreglada y consolidada, pongas a buen recaudo tamaño tesoro, que lo mimes y lo cuides mucho y como aquellos 15 años se esfumaron como un aliento, cuídalas ahora (las dos caderas, claro) sin hacer esas cosas que hacíamos de jovencitas y hagamos otras, como es mirar por donde pisamos, mirar escaparates sin caer en malas tentaciones, no subirnos a escaleras de mano, correr lo justo y, si has de hacer ejercicio por esa bendita tierra tuya, baila tango, mucho tango suavecito, sin enredos de piernas que ya no somos jóvenes, amiga,  y, como de baile se trata, ondea con tus caderas sin riesgos ya, para que sepan que aún siguen importantes y bellas balanceándose a los ritmos de un bandoneón.

Muchos besos, querida Martha

viernes, 29 de mayo de 2015

COSAS DE LA CALLE




Al mendigo  de una esquina cercana a mi domicilio lo veía siempre acompañado de un perrillo mugroso pero de aspecto saludable que, aparentemente, tenía una vida de lo más placentera junto a su amo. Estaba siempre tumbado sobre un trapo a modo de manta que su dueño estiraba de vez en cuando como temiendo que el animal pudiera sentirse incómodo con alguna arruga. También en el suelo, junto a ellos, un trozo de cartón irregular tenía esta lectura: “Por favor, mi perro necesita que lo lleve al veterinario. Deje una ayuda”
Francamente, la llamada de atención me la creía a medias. Hay algunos otros carteles que acompañan a estas personas habitantes de la calle y compañeras de la pena: “Tengo hambre” “Tengo 7 hijos…” En estos tiempos que corren, cualquier cosa puede ser verdad o mentira en lo que a petición de caridad toca  y yo, trato de creer solo un poco del drama que se expone en el recorte de cartón, huyendo quizás, de que todo eso sea cierto.
Esta mañana alrededor del mendigo había un grupo de personas. Me he acercado movida por la curiosidad y entonces he visto cómo el perro mascota yacía en el suelo con los ojillos  entornados, vidriosos, inerte…muerto.
Una mujer entró en un bar y le  acercó al amo desconsolado, un bocadillo y un vaso de plástico con alguna tisana tranquilizante. El pobre lloraba la muerte del compañero en silencio pero como si esa fuera su única y  más grande de las penas en su mísera vida.
Alguien había avisado al ayuntamiento para que recogieran al animal y  cuando al fin llegaron, el hombre se limpió las lágrimas, se puso en pie y echó a andar saliendo de esa escena sin volver la vista atrás. Extraño comportamiento que algún experto psicólogo podría explicar.

 Nos fuimos yendo cada cual a seguir con su quehacer cotidiano  pero yo me sorprendí llorando.

lunes, 27 de abril de 2015

TRAGEDIAS NATURALES

Cuando se ve la enorme tragedia que ha traído el terremoto de Nepal  –terremotos– con tantos muertos como ha dejado, el gran dolor y el terror que se refleja en cada una de las personas que nos llegan en las imágenes, no se puede por menos que pensar en lo vulnerables que somos cuando la naturaleza se desata.
Aún tenemos reciente en la memoria  la destrucción de Haití. El sunami, otra gran catástrofe  que se llevó entre las aguas enfurecidas vidas e ilusiones. Muchas otras desgracias acaecidas por causas naturales contra las que no hay nada que hacer porque no existe un enemigo palpable al que combatir. Nada hay contra los elementos desatados. Fenómenos que pueden que tengan explicación  más o menos exacta o científica de cómo se originan, pero que nada existe para evitar sus desenlaces catastróficos.
 Roguemos a Dios desde nuestra fe, que el consuelo llegue pronto a tantas víctimas. Que los miles de huérfanos que han quedado desamparados, tengan cobijo y ayuda en la generosidad humana y que la ira de los elementos no vuelva a causar tanta desolación y amargura.

lunes, 12 de enero de 2015

COMPASIÓN





Me estaba mirando con una cara...Tengo que contarlo aunque ni tengo tiempo ni muchas ganas de escribir de tan liada como estoy. El caso es que yo no quería pero se empeñó y, a media tarde, con el silencioso plan de dejarme tiesa de susto, apareció con un hermoso pavo que debía pesar nueve o 10 kilos. O más. Un tanque de pavo.

Dijo que lo había traído en un saco atado de patas y con un caperuzón negro para que no armara escándalo,  (el pobre animal, debió sentirse como un halcón ciego) y para no llamar la atención a los vecinos de la finca que entraban y salían con sus compras navideñas.

¿Un pavo vivo? ¡Maldita sea la costumbre de sacrificar a estos animalitos por Navidad! ¿Quién iba a sacrificarlo? Mi ex alumno me dio todas las pautas, normas, consejos...Era fácil.

La cara de horror de mis nietos la tengo clavada en el hígado, que creo que es la víscera que más sufre con los sobresaltos. Los latidos del corazón se me bajaron hasta la planta de los pies y se escaparon por mi dedo gordo envueltos en pena y conmiseración ¡Matar un pavo...!

Como a los toros nobles, el animal fue devuelto al corral, perdonado. En cuanto a mi ex alumno, ¡qué cabrito! Total, porque una vez les explicaba las excelencias se la carne de ese animal y quería saber si yo era capaz de matarlo.

Cenamos merluza rellena que también es un animal, pero no mira de la misma forma y encima es poco expresivo. Mis nietos, siguen queriéndome y el corazón me va latiendo a su ritmo normal.

sábado, 13 de septiembre de 2014

ALGO DE LOCURA


El día 27 de este mes, actúo de nuevo con mi grupo en Molina de Segura, mi pueblo. Llevamos para allá  el sainete "¡Campani...¡ya!" escrito por mí un día que tenía ganas de meterme en algo nuevo y parece que ha funcionado. Eso, o que las veces que  hemos representado ha sido con fines benéficos, la buena gente responde, se ríen, se lo pasan bien y siempre hemos llenado, aparte de que la fila 0 también hizo un papelón de los más generoso.

Confieso que ahora tengo algo de nervios porque aquello de que nadie es profeta en su tierra, me llena de intranquilidad, pero me esforzaré en hacer mi papel de criada algo pérfida, lo mejor que pueda y remediar mis nervios.

Quiero destacar la generosidad de mis compañeros tan desinteresados, que no dudan en actuar donde nos lo han pedido. El director, Toni Ribera, es un profesional muy liado en otros proyectos pero ahí está siempre. O las actrices "maduras" respetables e incansables abuelas, ocupadísimas, que dejan un ratito sus obligaciones para sacar adelante este proyecto. O los "elementos" jóvenes, que en el descanso de sus respectivos trabajos no dejan de acudir a los ensayos (ahora ya no necesitamos ensayar y menos mal) para ayudar a quien lo necesita, aunque les sería más provechoso seguir con la grabación de sus cortos, anuncios, etc.  porque están en plena preparación de sus carreras incipientes como actores profesionales.  Creo que veré  sus ilusiones cumplidas porque valen mucho. Son muy buenos como personas y profesionalmente y tendrán su recompensa, seguro.

Prometo contar cómo fue la cosa sea satisfactoria o no pero, aunque las perspectivas son buenas, el gusanillo ese que se pasea por el estómago de vez en cuando, anda revoltoso últimamente. 

sábado, 9 de agosto de 2014

¡¡MILAGRO!!

¡¡MILAGRO!!





Soy muy de rezar al Ángel de la Guarda y mi oración resulta muy provechosa. Mis nietos se acuestan con solo un par de chichones y algún raspón que otro en las rodillas; mi hija mayor no se pone afónica de dar órdenes a sus vástagos (y a todos los que la rodeamos) y yo, salgo ilesa de mis aventuras culinarias y caseras.  Hoy mismo ha hecho un milagro bien gordo que cuento.

 Durante el verano y de vez en cuando, mi marido nos invita a la familia a desayunar en una plaza recoleta  cerquita  de casa y de la playa. Él y mi hijo suelen sentarse en la  mesa  enfrente de mi nuera y de una servidora, así que ellos, no, pero las dos nos hemos percatado hoy de un galán que avanzaba a sus espaldas bajo la arcada del porche ojeando un periódico. Un lujo de hombretón guapo y fornido que andaba con las piernas algo separadas por culpa de la musculatura de sus muslos o como si el peso de su masculinidad le impidiese juntarlas más.

Mi nuera se empeñaba en decirme por “bajines” que mi hijo era más guapo aunque no tuviera tanto músculo. Bueno. Están recién casados. El caso es que el guaperas  se ha sentado en la mesa contigua a la nuestra siguiendo con la lectura de su periódico llamando la atención de las féminas  que se acercaban por el bar.
Llegado el momento, me he levantado para comprar el pan  y, cuando volvía para despedirme de mi gente porque me adelantaba a casa, he dado un enorme tropezón contra la base de una gran sombrilla.
Mi marido y los demás con cara de terror se levantaban para ayudarme y yo, me he asustado mucho viendo lo que se me venía encima y lo que me esperaba abajo,  porque con las manos ocupadas y el gran traspiés, iba derecha a estrellarme contra las mesas y el empedrado del suelo. Toda yo habría hecho que me rompiera sin remisión y lo he visto en segundos. Por rápido que se movilizó mi familia para evitar mi trastazo, el hombre, el chicarrón del periódico, sin apenas moverse y sin levantarse de la silla, me ha agarrado por mi brazo derecho y me ha frenado en pleno vuelo poniéndome de nuevo en pie sobre el suelo impidiendo una desgracia.
–¡¡La leeeche…!! –es lo único que he dicho mientras volaba, que es mi único y personal taco cuando me agobio para bien o para mal
 Luego, me he puesto a dar las gracias a mi benefactor diez o doce veces. Y mis hijos, y mi marido…y ¡los vecinos de mesa…! Todos dando las gracias al hombre que ni se ha inmutado y que solo ha dicho literalmente:
–No tiene importancia. Era “obligado” ayudarle, señora.
¿Obligado? Raro…muy raro. Cuando volvíamos a casa y aún dolorida, le he dicho a todos que no me he  matado gracias a la oportunidad de ese chico y que era como mi Ángel de la Guarda.
–No sé, “abueli” si lo del ángel lo dices de verdad,– ha dicho mi nieta Laura– pero el periódico que estaba leyendo, solo tenía una portada rara y el resto de hojas estaban en blanco…
–¡¡La leeeche…!! – he repetido el taco con mosqueo– ¿Qué dices?

¿Imaginación de la niña? Pues si el periódico era de verdad o no,  no lo vamos a saber, pero me gusta pensar que se ha obrado en mi persona un milagro y me gusta mirar la huella de unos dedazos en mi brazo que pueden ser de mi ángel particular. Hermoso y trabajador él. Y mi vecina, que se dice agnóstica y que también estaba allí y conoció a mi salvador dice, que si los ángeles se parecen entre ellos, que ya mismo se convierte

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domingo, 29 de junio de 2014

Finalista en el VI Concurso de Relatos Escritos por Personas Mayores RNE-Fundación "la Caixa"


Estoy muy satisfecha por haber quedado de las 15 finalistas de este concurso en el que han participado 1.582 personas, aunque con eso vocee a los cuatro vientos que ya no tengo 16 años. Ni falta que me hace, vaya. Estoy muy bien a Dios gracias. Ha habido otro finalista murciano que se sentó junto a mí en aquel salón de Caixa Forum de Madrid. Creo recordar que se llama Tamayo de apellido y se han hecho eco algunos periódicos de Murcia de su éxito. Yo...no aparezco. Son cosas de no residir en Murcia.






Perlas del Segura