sábado, 20 de diciembre de 2008

PORCIA.- Tercera parte

Queridos amigos:

Os dejo,junto a la tercera parte y final de PORCIA, mi mejor deseo de felicidad. Vamos a dejar atrás los ratos malos que nos haya podido traer este 2008 que se despide y abracemos con esperanza este 2009 que ya mismo nos llega.

Sé que mi relato ha sido algo largo, pero una vez iniciado, me animaron muchos de vosotros a que continuase y no lo dejara sin final. Espero que como llegan vacaciones,pues podáis estar más tiempo ante el ordenador y así que lo acabéis.
No dejad de visitar a VICTOR ROCCO, un bloguero, muy sencillo en formas pero buen escritor y con sensibilidad que lo está pasando mal...¿Cómo se puede ayudar en estos casos? La palabra, a veces, hace grandes remiendos en los agujeros de la pena. Lo decía mi abuela y es de fácil aplicación.
¡¡Muchas Felicidades a tod@s!!



(Continuación)

Claro que...tendría que acostumbrarse a llevar apreturas de corsé. La cinturilla de la faja era posible que ahora la notara con algo de incomodidad asociada a la rigidez de las pequeñas ballenas. Al girarse, intentaba hacerlo muy despacito, porque esas mismas ballenas, parecían no obedecer y se quedaran inmóviles imponiendo un eje vertical a sus caderas. Tampoco era para descuidarse con el bonito sostén de raso que le había dibujado la preciosa silueta...¿Necesitaría una talla más como había apuntado la impertinente dependienta? ¿La cuarenta tal vez? Se quitó aquella idea de la cabeza como si se tratase de un mal pensamiento y siguió satisfecha su camino balanceándose sobre los elegantes tacones de aguja.

Pero el caso era que poco a poco, entre la sujeción de los omóplatos con los tirantes cruzados, la espaldilla rígida, el aro metálico y el relleno de copas, comenzó a notar un tremendo malestar con cada paso que daba que la iba llevando al martirio más terrible. La opresión de aquella prenda de lazos tensados clavándose en la carne, fueron cada vez más molestos hasta parecer unos cilicios de penitencia.

Tuvo que aspirar profundamente tres o cuatro veces porque parecía que el aire no le llegaba bien a los pulmones y cada vez que lo hacía, al ensanchar el tórax, un pequeño sonido a descosidos, le decía que algo se estaba rompiendo por sus prendas interiores o eran las venas de su pecho que reventaban. La respiración se le hizo jadeante y comenzó a sudar. La vista se le fue nublando y la saliva huyó de su boca. Todo lo que notaba eran flagelos incrustados en su piel.

Tan mal se encontraba en unos minutos, que se sintió morir. -Tengo que llegar hasta el coche...- se dijo – Tengo que desnudarme antes de que muera en la calle...” Pero cada vez le parecía estar más lejos del lugar donde había aparcado y de no llegar nunca.

La feliz idea de buscar la clínica de su amigo que le quedaba mas cerca que su vehículo, le dio ánimos para seguir andando. Marcos era como su hermano, y aunque ahora solo se veían cuando pasaba por su casa para visitar a Lucía, que era su madre y que seguía siendo la cocinera de la casa, era su amigo del alma.

Lucía, que había tenido un desliz en las fiestas de su pueblo, encontró en Don Catón y su esposa un amparo a su preñez y posterior maternidad que le hizo poder criar a su pequeño con todas las comodidades de un hogar feliz aunque tuviera que ceder con ello algún que otro derecho sobre su hijo.

-Se llamará Marco Bruto – dijo don Catón cuando nació el niño, tajante y emocionado, ante la idea de que iba a formar en su casa todo un cuadro de aristocracia imperial romana.

-Nada de Bruto – intervino su esposa que algo sabía de historia – que era un desagradecido para el César...Y además se casó con Porcia y, francamente, no quiero que las cosas se repitan...Le llamaremos Marcos, que se parece al primer nombre pero nada más.

Y con esa obsesión, cuando los niños casi de una misma edad empezaron a salir de la infancia, ya se encargó de convencer a su marido para que Marcos se fuera a un buen colegio interno y durante las vacaciones, Porcia con sus papás al Balneario de Archena en navidades y a La Manga del Mar Menor en verano.

-Quédate, Lucía, en casa y disfruta de tu hijo aquí. Seguro que vais a estar más cómodos...Me las apañaré como pueda en la cocina durante las vacaciones.

Y con este razonamiento caritativo a la cocinera, evitaba que los dos muchachos se vieran ante el peligro que ello entrañaba para sus planes.

Marcos se había hecho un buen mozo. Tenía un mentón fuerte y unos ojos penetrantes. Era inteligente y emprendedor y buena persona sobre todo.

-Mamá- preguntaba la joven e ingenua Porcia- ¿verdad que Marcos es muy guapo?

-Tiene cara de águila, nena. Y demasiado alto...

-Y es listo. Ha aprovechado vuestra ayuda.

-Solo es dentista, hija. Hasta que se haga un patrimonio, puede hacerse viejecito...

-¡Lo quiero tanto, mamá! Y...yo no he estudiado nada.

- Tu eres una señorita y no te hace falta estudiar y él es como tu hermano...- Y esto lo recalcaba como para dar a entender a su hija la imposibilidad de otra cualquier relación.

Porcia llegó lacerada hasta la consulta justo cuando Marcos había finalizado con el último paciente y se despojaba de la bata para salir. Se alarmó ante la lividez de la muchacha y se apresuró a tenderle las manos intuyendo que estaba cerca de desplomarse.

-¡Ay, querido Marcos, qué mal vengo!

-No me asustes, Porcita, ¿qué te ocurre, cielo? ¿Te has enfadado con tu madre?¿has tenido algún accidente?¿te duele algo?

-¿Que si me duele algo?...¡¡Me estoy muriendo!!

Y se quedó tendida en el suelo sin darle tiempo a llegar a la camilla. Cuando pudo recuperarse, se encontró entre los brazos poderosos de Marcos que la mecía como a un bebé sentado junto a ella en el parqué y que le pegaba las mejillas a su pelo buscando ofrecerle un amparo que estaba seguro necesitaba la muchacha.

-No me muevas, Marcos, o tendré que ponerme a gritar - dijo cuando pudo hacerlo – Se me están clavando las ballenas y la cinturilla elástica de una faja que acabo de estrenar. El sostén me oprime las tetas y me las levanta como si fueran a suplantarme las anginas. Tengo las paletillas en carne viva como si me hubieran flagelado y la saliva hace tiempo que se me ha secado del dolor y casi no puedo hablar.

Se quedó el dentista inmóvil y sorprendido entendiendo que con su balanceo, solo podía acrecentar el sufrimiento de la chica. Luego, su gesto se volvió curioso y hasta se hubiera reído si no fuera porque su amiga seguía lívida como una muerta.

-Ayúdame, Marcos – volvió a hablar la muchacha con cierto pudor bajando algo más la voz de lo que ya la había bajado porque no podía mantenerla en un tono normal -tienes que quitarme esta faja, sacármela y tirarla a la basura y, luego, por favor, tienes que desabrocharme el sostén o cortarlo por donde puedas porque ya ni las manos puedo llevar hasta la espalda. Quiero respirar bien cuanto antes y seguir aquí en tus brazos porque me siento morir...- dijo rompiendo a llorar.

Comenzó el muchacho alarmado a meter las manos aquí y allá tratando de actuar de la forma más natural posible dada su estricta formación de caballero y pudo ver cómo se habían incrustado en las carnes de su amiga los tirantes, las gomas y hasta las pequeñas ballenas que ahora parecía que fueran escamas sin relieve dibujadas en las caderas y la cintura. Viendo todo aquello y algo nervioso le fue invadiendo un gran sentimiento de compasión.

-Pero...¿qué necesidad tienes tu de todo ese martirio, Porcita?- dijo mientras la abrazaba de nuevo una vez que le había ayudado a quitarse todo aquel suplicio.

-Se me está haciendo una barriga que no me había visto nunca...

-Imposible...Gases. Son gases, cielo, no justifica que te hayas colocado esa sujeción de cemento.

-Se me está descolgando el pecho. Ya no es el de una jovencita...No me va a querer nadie – volvió a sollozar.

-Porcia...La apretó contra él un poco más y visiblemente emocionado – A ti te puede querer cualquiera.

Ahora Porcia, levantó la vista hacia su amigo. Había notado algo en sus palabras que lo alejaba del tono fraternal que casi siempre había usado para ella. Ni siquiera lo advirtió unos momentos antes. Estaba turbado. Un apretón de estómago y no precisamente por la faja que ya no llevaba, la inundó. Prefirió guardar silencio. Él continuó:

-De no haber sido por tu madre, las cosas hubieran sido distintas para ti...para muchos...No estarías sola, mi vida, observando fantasmas en tu precioso físico.

Porcia calló unos instantes y quiso disculpar y entender lo que estaba pasando. De pronto, todo un mundo de color se instaló en sus pupilas y el pecho volvió a pesarle como si no se lo hubiera liberado. Volvía a no respirar bien del todo.

-Mamá siempre ha querido lo mejor para todos – quiso disculpar por decir algo.

-Si, como cuando cogí una pulmonía por su manía de mandarme en calzoncillos a la terraza y así que ella supiera cómo vestirse según el frío que hiciera...O evitar que visitase a mi madre los fines de semana para que no te viera a ti en la casa...O mandarme a la buhardilla con enredos y poca luz a estudiar lejos de donde estabas...

-No sabía...dijo ella abriendo muchos los ojos mirándolo con ternura - Es que eras un niño.

-Solo tengo tres años menos que tú...y no he dejado de quererte ni un solo día pero ella...

Ahora se levantó del suelo Porcia y no sabía como reaccionar. Veía a Marcos distinto y lo que le estaba diciendo la conmovía hasta hacerle temblar.

-Pero mamá...

-Tu mamá nos ha dejado solos. Mírate, queriendo subir tus tetas porque crees que ya no eres la misma y yo...solo también porque el día que le dije que iba a declararte mi amor me dijo que eso era incesto...

-¿Eso te dijo la muy bruja? - casi gritó perdiendo sus modales de niña bien -¡No es posible...! Y a mí me dijo que tenías cara de águila cuando le dije que eras guapo...¡Se va a enterar!

-¿Te... lo parecía? ¿Te parecía guapo?

-Bueno...Tu eres guapo y hasta me gustabas, pero eso no se lo dije. Solo que te quería.

La miró entre sorprendido por lo que consideraba una valentía. Luego, volvió a abrazarla y dijo sonriendo:

-Y ahora, ¿qué? ¿Cómo vamos a solucionar esto tan inesperado y que tenía que haber ocurrido hace tiempo?¿Me sigues queriendo?

Porcia estaba en otro mundo...El cielo, quizás. Hacía un momento, aquel chico la había despojado de parte de su ropa interior con la mayor naturalidad y ahora, hasta le gustaba imaginar que lo hubiera hecho con más detenimiento. ¿Qué había sentido él? Se atrevió sin más:

-Sigo pensando igual, querido Marcos...Yo te quiero...

Se había recuperado de pronto del martirio pasado y su cara había vuelto a su tonalidad normal pero ahora con un subido toque rosa en sus mejillas. Se separó un poco de él para acomodarse su faldita y el sueter y se encontró reflejada de nuevo en el cristal del armario donde Marcos tenía todo el material de su profesión. Se vio muy bien esta vez. Guardaba una silueta de pechos pequeños pero bien puestos y con la espalda recta y, con un poco de esfuerzo se mantendría mucho tiempo erguida. Se gustó. No en vano se parecía a papá. Tomaría un laxante y lo de su barriga, arreglado. Se notó sin planearlo con una felicidad repentina e inusitada y en vez del dolor en los omóplatos que la había atenazado, notó como si unas alas angélicas pugnaran por salir de entre ellos. Ya lanzada como estaba volvió a abrazarse al muchacho que la miraba arrobado y añadió:

-Hagamos una locura, querido hermano – se apretó contra él. Vamos a vengarnos de mamá. Sé tu mi sostén y mi guía y que pague y se aguante por estos años perdidos...

-Porcia...Porcita...Porcitilla...Que perderé mi caballerosidad contigo si dices esas cosas – dijo el doctor poniendo los ojos en blanco.

-No, hombre, no, que eso es lo que dice el cura en las bodas...

Y abrazados y besándose permanecieron mucho tiempo antes de salir a recoger el coche y dirigirse a la casa donde ambas madres estaban pero con la idea fija de ocasionar un síncope múltiple a una de ellas.




lunes, 8 de diciembre de 2008

Porcia (continuación)

Sufrido el soponcio del escaparate, Porcia se levantó a otro día temprano después de una noche de pesadillas en los que se veía gorda como un balón gigante; cogió el coche y fue hasta uno de los mejores establecimientos de ropa interior. La distinguida clientela pudo observar la cara de ansiedad en la muchacha apostada ante las cajas que contenían la solución a su sentido problema y cuando una de las dependientas se le acercó para atenderla, solo le faltó echarse a sus pies e implorar un milagro.

-Por favor- dijo al fin en un tono de voz apenas audible- deseo unos sujetadores que me levanten algo el pecho, que me hagan más redonda...más...

No terminó. La señorita que le iba a atender, sin pestañear, radió hacia el interior del vestidor:

-A ver, Micaela, busca y me traes un sostén de raso ochenta B con relleno, tirante cruzado sobre la espalda con corrector posicional de omóplatos y con aros de aluminio bajo la cazoleta...

-Oiga...-se animó ansiosa a continuar Porcia ante las dotes adivinatorias de la dependienta- y quiero probarme una fajita, porque...- aquí sintió la necesidad de justificarse – aunque no la necesito, me gusta ir un poco sujeta con algunos modelos de vestidos que ahora se usan...

De nuevo la vendedora, le echó una mirada de cintura para abajo y volvió a reclamar a la encargada de almacenaje sin un solo gesto de aseveración y sin mediar palabra con su ansiosa clienta.

-Micaela, busca también una faja sin pernera, con refuerzo delantero lycra doble en la zona peritoneal y las caderas, efecto elevador de glúteos y con ballenas naturales en zona lumbar y laterales de la cintura.

Porcia pensó en esos quirófanos que salen en las películas donde el cirujano, solo demanda y los ayudantes le van dando sin pedir explicaciones todo el instrumental necesario para lograr casi una obra de arte. O en los bares: “Dame dos de papas bravas, gambas al ajillo, media de chipirones...¡marchandooo!

Se sorprendió de la capacidad de aquella mujer para adivinar todo lo que quería, aunque se sintió algo molesta con esa serie de detalles que iba lanzando a su ayudante que cualquier persona podía oír de las que estaban presentes y como si necesitase tanto remedio. Solo tenía un poco abultado el vientre y algo caído el pecho. Solo eso, pero no estaba de más la vista perspicaz de una entendida profesional como la dependienta parecía.

- Seguro que va a comisión... -pensó ingratamente.

La delicada y coqueta fajita llena de entredoses y ballenas como contra fuerte y un sostén de raso con primorosos bordados en seda que tenía además un forro de espumilla para realzar el busto, llegó a sus ilusionadas manos. Una vez probado, el sujetador levantaba el pecho de una forma natural y juvenil, pero el contorno para la talla, desproporcionado según su apreciación, era tan estrecho que se marcaba en la espalda una especie de pliegue carnoso que le hizo dudar unos instantes.

-“Es de suponer que con un jersey discretamente holgado, ni se note esta incidencia. Además, me hace que vaya erguida...” - se dijo. Así y con todo, le pareció bien hacerlo notar a la dependienta rebuscando las palabras:

-Pues necesito además una espaldilla, señorita, una espaldilla sobre el tirante cruzado y hasta la cintura para evitar protuberancias carnosas...

Luego, le tocó el turno de prueba a la faja. Le apretaba algo más que el sujetador y tuvo que sufrir para subirla hasta donde debía. Parecía que su persona se fuera a partir en dos hemisferios del que salía perjudicado el inferior porque con la opresión de las ballenas en su ecuador, la cadera se agrandaba tanto en comparación con la cintura que la hacía parecer respecto a su hemisferio norte, parte de otro cuerpo, pero ella se encontró corregida, exuberante y se gustó.

-Puede...que si coge usted una talla cuarenta...-Se atrevió a decir la dependienta tímidamente con una desacertada psicología, perdiendo todos los méritos acumulados hasta entonces.

-¿Talla cuarenta?...¿Acaso me ha visto como una vaca?¡Soy la treinta y ocho ! Debe usted fijarse porque eso en su profesión es importante, señorita... -casi chilló.

Abandonó el establecimiento con todo puesto y con la ilusión de haber encontrado el remedio justo para enmendar la travesura cruel del tiempo jugando en su cambio anatómico. Ahora todo volvería a la normalidad porque...¿Iba a empezar su cuerpo a descomponerse en montones de carne aquí y allá sin orden ni concierto? Demasiado pronto como mamá había dicho ¿Le iba a crecer la barriga como a ella que desde joven contaba que sus fajas eran hechas siempre a medida porque no encontraba en los establecimientos del ramo nada que le valiera? No se parecían en absoluto. Ella salía a papá, el erguido, estirado y distinguido profesor en derecho romano, don Catón de la Torre.

Había dejado el coche en un aparcamiento algo alejado de aquella tienda y al paso por la acera de la avenida, volvió a mirarse en los escaparates que ejercían desde siempre aquel extraño atractivo para ella. Esta vez, era otra cosa. Volvía a ser la misma, con el pecho levantado, la espalda recta y el vientre plano como si lo hubieran planchado.

(continuará...)

lunes, 1 de diciembre de 2008

PORCIA


(Porcia es hija del ilustre profesor de derecho romano Don Catón de la Torre, enamorado de la historia de Roma y a la que bautiza así en memoria de la segunda esposa de Bruto. Cree con ello que su única hija será portadora de la belleza e inteligencia de aquella, pero por el celo y la protección extremada de sus progenitores, la chica ve cómo el tren de su juventud va dejando atrás ilusiones y oportunidades...)


Esta vez, no. Tenía que poner remedio. Al mirarse con detenimiento en aquellos escaparates, vió una barriguilla incipiente que le levantaba su bonita blusa de guipur y parecía como si el pecho se le hubiera caído algo hasta la cintura.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? Se angustió. Había cumplido treinta y nueve años y aún tenía que esperar la llegada de ese extraordinario pretendiente que su madre le auguraba y que no acababa de aparecer. Bueno, sí. Había llegado uno varios años atrás que le gustaba mucho y que insistió más que otros, Antoñito, el hijo del señor Antonio, el carnicero. Un gran chico, buen estudiante que perfeccionaba su inglés en Irlanda, educado y serio, pero que al decir de mamá, aunque era listo y sabía idiomas, siempre olía a morcilla de arroz y chuletón de Burgos, así que a la segunda o tercera carta de amor que Porcia recibió, su madre la cogió, se presentó en la carnicería y, con más que humos, le dijo al padre:

-Señor Antonio, que no vuelva a repetirse tamaño atrevimiento o tendré que tomar otro tipo de cartas en el asunto. Que su hijo no vuelva a escribir porque mi hija, es Porcia de la Torre...¿entendido?

El hombre se encogió de hombros y Antoñito no volvió a dar señales de vida. Luego se supo que entró a trabajar en un Banco y se quedó por Suiza, millonario y felizmente casado y con hijos. Porcia suspiró mucho por entonces y perdió al bueno de Antoñito; eso, y la ocasión de poder degustar los mejores filetes que entraban en aquella carnicería de élite porque mamá ya no era bien vista por allí y además, le tocó suspirar muchas otras veces porque la progenitora insistía en ahuyentarle siempre a los posibles novios que no creía dignos de ser sus yernos, que eran todos...


(Carmen Sabater Rex.- ISBN: 84-923788-1-6 )

lunes, 24 de noviembre de 2008

MI CHIQUI



Mi hija pequeña es bióloga. Eso no le da de comer pero...¡cómo disfruta con todos los animales que le caen alrededor! Además tiene los suyos propios : Un acuario con una veintena de peces; una tortuga que se llama Sombra y que ahora no se le puede molestar porque está como tonta esperando la primavera y no está para fotos.




Un caballo frisón hermoso al que le ha sacado una doma fantástica. Un águila de siete meses con la que se pasea por el campo y que aunque parezca que se pierde, llega hasta el guante cetrero con solo chistarle.




Y luego, tiene a Carbón, aquel perro negro como un mal pensamiento, que es pesado de tan cariñoso, que un buen día me siguió por un parque arrastrando su pena de abandono, sus lágrimas de puñales, hasta que me convenció. ¡Pobre chucho! Ahora que ya es de la familia aunque viva en casa de mi hija, me martirizo pensando qué habría sido de él si me hago la dura...






Para terminar, al delfín no lo tiene en casa, pero le gustaría. Sabe un montón sobre estos simpáticos bichos y los adora. Ha hecho cursos y los ha dado donde se lo han pedido sobre sus costumbres, sus manías - que las tienen-y ese instinto que les hace caer bien a cualquiera. Aún tiene marcas de quemaduras en la espalda porque el pasado verano, estuvo como voluntaria cuidando a un bebé delfín, metida muchas horas en el agua, alimentándolo, ayudándole a desplazarse y aunque fue en el Oceanográfic, nadie supo qué dolencia tenía y al final, se murió. Del duelo que le hizo...mejor no contarlo.





Suele decir, que los animales son mejores que algunas personas...Y más fieles...Y más agradecidos...Y que tiene que haber algún lugar donde se reunan sus espíritus inocentes con sus cargamentos de ternura después de muertos...




martes, 18 de noviembre de 2008

Roquetas y Almería

¡Ay, que no me lo creo...! ¿viaje para mayores, yo?

Llegada...

El hotel tiene buen aparcamiento y en estas fechas lejos ya del verano, dispone de muchas plazas libres y con sombra, cosa que se agradece en estas latitudes. Casi coincidimos con otras personas que llegan en un autobús para disfrutar de la misma oferta de vacaciones. Mientras mi marido cambia el coche hasta donde le indican, yo agarro mi maleta que siempre es más grande que la suya y me voy acercando a la puerta de entrada...¡Qué mayores encuentro a todos los que acaban de llegar! ¿Estaré así yo? Me quito ese pensamiento como si fuera a costarme la vida retenerlo y sigo mi camino pero...Uno de los de los recién llegados, que además lleva un gran bolso de Luis Vuiton, me sorprende queriéndome quitar mi maleta para ayudarme con ella...




-"¡Ay, señor, que de verdad se me vé vieja sin remedio...!"- he pensado.
- Permítame, "señorita" que le ayude...
Mi atento ayudante debe rondar los setenta, pero es un hombre que guarda cierta apostura, Es alto, vestido con gusto, pelo abundante cuidado y totalmente canoso y al sonreir, solo le ha faltado un destello cegador en un colmillo, posiblemente parte de una dentadura, retocada, atornillada cara y perfecta.
-No se preocupe que lleva ruedas...Llega mi marido ya...

He notado cierta decepción en mi amable ayudante que la ha sabido soslayar con un saludo efusivo a mi marido y creo que se han caido bien mutuamente.
Un solitario. En este mi primer viaje de "seniors" como se les llama a estas excursiones, en C. Inglés, Imserso...etc para enmascarar una evidencia, observo y aprendo.

Tarde libre con un tiempo magnífico. Una estupenda habitación, algo recargada con adornos de espejos por todos sitios y una terraza sobre el mar, apenas a cien metros, que invita a no moverse de allí. Creo que hemos acertado viniendo.




El guía principal es una persona preparada y amable que se empeña en pronunciar las "eses"y ponerlas donde no se debe. Andaluz de pura cepa. Encantador.
-Como "osviamente" sabrán, estoy a su plena disposición.
Preguntas acertadas de los asistentes y preguntas tontas por lo "osvio". Parece un buen grupo en general. Don Carlos, mi atento ayudante de ayer, se nos ha sentado al lado.
-¿Piensan hacer todas las excursiones? Es por coincidir...
-Claro. Haremos algunas. Le dice mi marido. Una estupenda idea, hombre.
-¿No les importa?
-En absoluto.

Está claro que a nuestro amigo le hemos caído bien. También él a nosotros. Nos ha contado que enviudó hace tres años y que no anda muy bien con su nuera. Cosas... Es médico jubilado y sin compañía como me figuré.

Me divierto como una cría en la piscina cubierta pegando saltos y haciendo monadas con un monitor muy entregado a "recuperarnos" que, a falta de ser cachas como esos de las películas, hace gala de su delgadez con un bañador rayado carcelario tipo años veinte. Luego...largo paseo pisando la arena de la playa conociendo recovecos llenos de encanto.

Después de las cenas: Juego de bingo. Don Carlos y mi marido se enzarzan en una partida de ajedrez que nunca terminan. He ganado sesenta euros en la primera vez que juego al bingo "oficial"en mi vida y después de otras noches (ciento ochenta y cinco euros en total) he decidido no volver y pasarme por la actividad de baile porque he notado cierta agresividad en la mirada de algunos cuando entro en el salón de juegos...

Bailo sola o danzo alrededor de una columna porque mi marido prefiere el fútbol. Extenuación total pero me gusta. Dos horas de baile...Los hay que se exhiben y hacen corro por aquello de tener prácticas en bailes de salón... ¡Señor, cómo envidio no poder hacer esa tremenda cursilada de doblarse hacia atrás en brazos de un caballero...! Y el caballero, abstraido, apenas roza la espalda de su partenaire con una sola yema de dedo y se deja coger por el pulgar de su mano derecha en el colmo de la exquisitez, abriendo el resto de los dedos como si fuera a propinar una bofetada al osado que se les acerque...





¡Qué excursiones tan interesantes y magníficas! Tendría que hablar largo y tendido...


Encima Don Carlos, nuestro solícito amigo del primer día, se nos ha enmorado. Dice que en cuanto llegue a Valencia de vuelta, vende un apartamentito que tiene (así fastidiará a su nuera con la que no se lleva nada bien) y se comprará otro en Asturias de donde es una farmaceútica, no jubilada y que se ha colocado de rondona entre los que sí lo son, (puede que con aviesas intenciones) y se larga para allá...

- Es preciosa, oigan, lo que pasa es que es muy joven porque le llevo diez años...

-¡Ay...qué bien! Somos unos críos, Pepe, - le he dicho a mi marido ante el comentario de nuestro amigo.
La verdad es que no es muy guapa la señora. Es menuda. Lleva el pelo cortito con mechas y con las puntas disparadas. Moderna. Estilosa. Pero...ni por asomo la galanura del médico.

-¿No es mal tiempo para vender, Don Carlos?
-Es igual, porque si vendo barato, compraré barato...No voy a perder la poca "juventud que me queda..."
-Muy bien - le he dicho entusiamada-Sigue siendo joven...Y lo he dicho muy de verdad.

Cuando nos despedimos, me ha dado un achuchón y yo a él. Creo que tenemos un nuevo amigo.




DESPEDIDA

Oye...Que me ha gustado esto de los viajes, que hay marcha, diversión y que aún revolotean en cada alma de los solitarios, pajarillos locos que pugnan por salir de sus encierros en busca de sensaciones nuevas lejos de penas y problemas...



(PD: Don Carlos, es un nombre ficticio como puede suponerse...)



domingo, 2 de noviembre de 2008

CUENTO MUY PARTICULAR

Anoche me fui al baile,

me invitó la Cenicienta,

sus hermanas y madrastra

y alguna que otra parienta.

Al mirarnos el príncipe

fue tan rápido y nervioso,

que cayó en una tarta

y salió todo cremoso.

Y oliendo a merengue fino

con mucha delicadeza,

con mirada de cordero,

entre todas las bellezas,

me saludó a mí primero...

¡Qué chasco la Cenicienta!

¡qué sorpresa la madrastra!

¡qué rabia sus hermanastras!

¡qué cotillas las parientas...!

-”Oh, hermosa señorita

delicada como flor

deliciosa y bonita!

¿de dónde salís, por favor?”

Me sonrojé de contento

y en un golpe de tos,

improvisé en un momento:

-”Pues...aquí. A veros a vos”.

Y con olor a mil dulces

de chocolate y fresones,

nos pusimos danzar

desgastando los salones.

Pensaba la Cenicienta

que, algo de ésto no marchaba...

¿Dónde quedaba su encanto,

la calabaza, el hada...?

Que después de haber estado

cosiendo a toda carrera

el príncipe, ni siquiera

por cumplir, la había mirado...

¡Qué pena de zapatitos

comprados en el mercado!

De cristal...¡y tan bonitos!

¡y lo que habían costado!

Las hermanastras contentas,

con tal de verla infeliz,

les importaba un comino

que el cuento no fuera así.

Y al ser la media noche,

como el rey tenía ordenado,

salimos todos corriendo

y, algunos, por el tejado,

que cientos de limpiadoras

se apresuraban barriendo.

¡Qué desastres de sofás

de mesitas y sillines

llenos de migas de pan

gorgueras y peluquines...!

¡Qué nobles tan descuidados!

¿y “las noblas”?... ¡qué gorrinas

limpiando sus bellos labios

entre las lindas cortinas...!

Y al limpiar la escalinata

ocurrió algo inaudito:

De cristal, blanco de nata,

apareció un zapatito.

El corazón del príncipe

de alegría, se arrebata

y la Cenicienta dice

que si me viene, me mata.

Pero el príncipe, ya sueña,

y por el pregón vocea

que casará con su dueña

aunque sea guapa o fea.



-“Piensa en mí, casi seguro;

veremos cómo le sienta

a la madre, las hermanas

y a la pobre Cenicienta.”

Y llega el día ansiado

en que esperan muy nerviosas

las que quieren ser esposas

de quien con tanto han soñado.

Van marchando una por una

descalzado el piececito

midiéndose el zapatito

sin quedarse atrás ninguna.

Y el paje, inoportuno,

se lo pone a Cenicienta

y a voz en grito comenta:

-”¡ Justooo! ¡el cuarenta y uno!

Ya está mi gozo en un pozo

y aquí la historia se acaba:

Se casó con Cenicienta

siendo a mí a quien amaba.

Más, creo que fueron felices

porque encargaron perdices,

pero ya no fue mi dueño.

Tenía que ser así...

Desperté...¡Todo fue un sueño...!



(De mi libro "Poesía boba para aprender". Segundo Ciclo.- I.S.B.N. : 84-87148-68-9 )

domingo, 26 de octubre de 2008

FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS



Fiel a mi gusto por dar a conocer de vez en cuando, a autores murcianos que han dado brillantez a nuestras páginas literarias, me complace presentar hoy, a un escritor paisano, comprometido y vocacional y que por suerte solo tiene cincuenta años recién cumplidos, lo que quiere decir que navegará mucho tiempo por estos mares de las letras en los que nos gusta sumergirnos a más de un admirador de la magia que desprenden.

Francisco Javier Illán, nació en Molina de Segura (Murcia) en octubre de 1958, emigró con sus padres muy joven a tierras extremeñas, pero al igual que Alberti, que no pudo ni quiso perder de vista al mar que le vio nacer, Illán añoraba su tierra y su huerta, el entorno en el que vio la luz primera, las pequeñas casas junto al río, los abuelos ancianos y regresó con veinte años de edad dispuesto a cantar todas estas cosas que habían arropado una infancia feliz y dedicarse por entero a su vocación literaria.

Trabajador infatigable, dinámico - eso fue lo primero que hizo que me fijase en su obra- cultivador de cualquier género, desde el cuento a la poesía, el relato, crítica y comentario ( ha colaborado en muchas revistas tanto nacionales como extranjeras) acaba de publicar la segunda novela de una trilogía fantástica "La cólera de Nébulos".

La primera parte de esa saga se llamó "La maldición" (Nausiccä - 2004) va por la tercera edición y la segunda entrega, recientemente publicada, "El Rey de las Esfinges" (Loto XII) promete ser todo un éxito por sus connotaciones descriptivas llenas de originalidad dentro de la más imaginativa fantasía.

La poesía que ofrece, está cargada de nostalgias, de recuerdos. Un canto de amor por todo aquello que vivió en su niñez y que el tiempo fue cambiando y tapando, pero que nunca quedó en el olvido...


El arriate pleno de flores
ahora es abandono
en los colores
y en el alma
Nada recuerda sus muchos olores
tampoco los susurros con que regabas
caléndulas y lirios
margaritas y violetas...(:)

----------------


Cada poema es
esa instantánea
de quien soy
y cuanto siento
como brota del alma
descuidada,
desarreglada,
del foso
en donde vivo.
Creciendo como espuma
soy, en ese instante,
lo que escribo
sin cerrar los ojos
sin sombras
a la luz
de tus pupilas.

jueves, 16 de octubre de 2008

PASAR PÁGINA




Las microdecepciones guardan relación con el relato personal que cada ser humano escribe mentalmente al compás de sus días. Nuestro relato no está inmunizado ante la decepción. A veces se veía venir, dices, y otras te asalta por sorpresa cambiando renglones y moviendo palabras sin punto y aparte; ahí donde había cercanía escribes falsedad, donde leías cariño, ahora figura rechazo. Se trata de decepciones pasajeras, por lo que sus garras no tienen categoría de envite, pero resultan descorteses e incluso miserables. En ellas puede cobijarse la ignorancia o la falta de reconocimiento, el ninguneo o la envidía que esperaba impaciente el momento para su puesta de largo.

Pero tal vez lo más intolerable de las microdecepciones sea su falta de elegancia; su espesura contrapuesta a lo noble y a lo transparente. Es como si todo tuviera un precio. A veces las relaciones de trabajo se camuflan - por interés - bajo falsas muestras de amistad mientras algunas relaciones amorosas se confunden con historias imaginarias que nunca serán tal y como se había soñado. La buena noticia es que en ocasiones son mucho mejores.




Ésas son las verdaderas conquistas, aunque para lograrlas hay que vivir a cara descubierta, sin reprimirle al corazón sus discursos temerarios.

Las relaciones humanas, la amistad y el compañerismo son una de las principales fuentes de la felicidad según estudios de la psicología positiva y la capacidad de amar , en las personas dichosas, es superior a sus miedos. A menudo nos aconsejamos unos a otros precaución en las relaciones humanas, medir la entrega, aprender de las decepciones y aunque la experiencia no es garantía de nada, te enseña en muchas ocasiones que tus problemas, son en realidad los problemas de los otros.

viernes, 10 de octubre de 2008

ASUNCION... otra vez

Mi prima y yo desayunamos en una cafetería muy coqueta de Trapería. Da gusto pasear por Murcia tempranito en este tiempo de otoño a pesar de que las mañanas han refrescado algo. Charlando como íbamos, me he fijado en una señora que me ha resultado familiar a la altura de Santo Domingo.

-Mira, Chon, parece doña Lola…

¿Para qué lo he dicho? Asunción, se ha detenido de repente, me ha soltado el brazo y se ha lanzado literalmente a la señora que se ha quedado asombrada mientras recibía unos formidables y apretados abrazos con sus meneos correspondientes.

-¡Doña Lola!...¡Ay, doña Lola cuánto tiempo…!

Doña Lola había sido maestra en mi pueblo y había educado a toda una generación que nunca pudo olvidarla de puro bien que lo hizo. Ni mi prima ni yo fuimos sus alumnas, pero como todos, llegamos a quererla y respetarla y ella nos conocía bien. Asunción no podía contener las lágrimas mientras yo me he quedado plantada a unos metros observando la escena. Sí que la quería, sí.

-¡Doña Lola…! ¡Es que no puedo creerlo! ¿Cómo está usted?

Al fin iba a dejar que se expresara la mujer que la miraba extrañada.

-Pues…ya ves, hija mía, cada vez más vieja, pero…

-¿Vieja? Pero si está usted igual…-Ha dicho mi vehemente prima sin dejarla hablar- ¡Ni se le ocurra decir eso…!

-Pues yo me noto sin fuerzas, ya ves. Me duele todo. Tengo una artrosis que nada me alivia…

-¿Artrosis? No diga eso. ¡Yo soy la que estoy hecha una pena con cincuenta años recién cumplidos…!

Tenía que haber interrumpido. Asunción se pasaba ¿Cincuenta años? Cada vez se quita más edad esta prima mía. Ahora es menor que el hermano que le sigue en orden. No tiene cura.

-Cuente…¿Cómo no va usted por el pueblo? ¿No se acuerda de lo que la queremos por allí? ¡Cuánto se la echa de menos!

-¿Ah, sí? ¿Se me echa de menos? ¿En qué pueblo, hijica?

Asunción se ha separado de la mujer unos instantes y ha dejado de moverla. Luego la ha mirado de frente y después me ha mirado y ha vuelto a la carga. Si doña Lola era presa de alguna enfermedad traicionera, había que hurgar en ese cerebro dormido.

-¡Que soy yo! ¡Asuncionica, la hija de sus vecinos!

-Ahhh …-ha sido la respuesta.

-Pero bueno, ¿usted no es doña Lola?

-Mujer…yo siempre he sido Lola…así, a secas…sin el “doña”

Asunción, despertaba. Ya no lo tenía claro.

-Usted …¿no era maestra en Molina de Segura?

-¿Yo?...Pues no. Yo he pasado por Molina de paso, hija, y no soy maestra, soy la hermana del cura párroco de Santo Domingo y ama de casa…

¿Cómo le decía a mi prima que doña Lola, de la quinta de nuestras madres, se murió hacía ya muchos años y que era más lógico que ella lo supiera y no yo, que siempre he estado fuera del pueblo?

Le ha pedido perdón a la buena mujer y la buena señora, a cambio, le ha dado un montón de besos como consuelo por no ser la Lola que Asunción creía. Un encanto.

-Lo siento, hija. Me habría gustado ser esa maestra de tu pueblo…

De vuelta, sin cruzar palabra, he notado cómo mi prima me miraba de reojo. Llevaba las manos en plan cartujo enlazadas sobre el estómago como para aprisionarlas y no abofetearse por su ridículo. Solo dos frases hemos cruzado antes de la despedida.

-Si te llegas a reír…¡no vuelvo a mirarte a la cara!- ha dicho ella.

-No, era para llorar- he dicho yo – porque si no hubiera estado muerta, seguro que la matas tú con el traqueteo del cuello que le dabas…

-¡Prima, que te conozco…! ¡¡Ni se te ocurra burlarte que eso de equivocarse le pasa a mucha gente!!

-Si…Pero nadie trata de romper las vértebras a nadie aunque fuera conocido y….

-¡Chisss…!

Señor, es terrible contener la risa…Difícil y terrible. Doy fe.

lunes, 29 de septiembre de 2008

ANHELOS



¡Qué bello ser brisa que todo lo invade

que acaricia y que besa…!

Ser susurro de viento

que acuna y adormece

vencida su fuerza…



¡Qué bello ser canto y borrar la tristeza

que arrastra desvelos

en albas inquietas…!

Ser un beso de espuma…

Rubor de arco iris y brillo de estrellas…



¡Qué bello ser magia que todo lo cambia


que dibuja sonrisas en bocas selladas…!


Ser consejo cierto y bálsamo de almas…


Aliento de ángel sobre las espaldas…



domingo, 21 de septiembre de 2008

CELSA


Mi ex alumna Celsa con la que nunca he perdido el contacto, la ayudante más activa y genial que tuve en el colegio, con sus coreografías originales y extrañas en las fiestas de fin de curso, me llamó ya tarde.

-Me voy a morir y no quiero estar sola…-escuché a través del móvil.

-¿Qué te pasa, cielo?

-Esta vez me he tomado un tubo de pastillas y estoy nerviosa.

-Lo que estás es algo tonta –le dije sin poder remediarlo porque Celsa, ya lo había intentado otras veces sin mucho convencimiento.

Cogí el coche por si aquel cuentecillo del pastor y el lobo se repetía y cuando llegué a su precioso ático, la encontré casi a oscuras, hecha unos trapos, medio desnuda con una especie de camisón corto, transparente y con sus enormes pechos de silicona, asomando casi al total por el escote.

-No me riñas hoy que soy una desgraciada…Nico, me ha dejado.

Me quedé de una pieza. Me contó entre sollozos ahogados que Doménico, el chico italiano que vive con ella desde hacía casi dos años y que ha sido el hombre que más le estaba durando, se había ido y no había vuelto cuando debía. Afable y cariñoso, yo creo que la quiere sinceramente. Bien es verdad que no sé quien cuida a quien, porque con la excusa de que tiene que atender a su otra familia y no le sobra un euro, vive en el precioso piso de Celsa, va vestido y calzado impecable con las firmas que ella le compra y cuando tiene que cortarse el pelo, lo manda a Llongueras porque es donde mejor entienden su óvalo de cara. Pero es buen compañero y la respeta. Le perdona sus cambios de humor y sus histerias y Celsa, lo adora.

No entiendo qué ha podido pasar, porque cuando ella llega a casa de su bar de copas a la una o las dos de la mañana, Doménico duerme y cuando él se levanta para ir a sus compromisos de comercial, es Celsa la que se queda descansando. Quizás el fín de semana no fue bueno...

-¿Qué has tomado?-le pregunté algo más que preocupada atendiendo al serio motivo.

Me señaló un tubo de Sedergine, una especie de aspirina efervescente totalmente vacío. Cuatro pastillas se había bebido diluidas y cuando leí que el salicílico solo llegaba a trescientos miligramos por pastilla, me tranquilicé. Hice mi multiplicación mental y pensé que mil doscientos miligramos de salicílico, no iban a matarla.

- ¿Y…?- quise saber

-El lunes, mi Nico se levantó con ganas de pelea y se fue con un portazo. No me dio el beso de despedida y se quejó por todo: por el pantalón sin raya, por los zapatos con polvo, porque no metí un paquete nuevo de leche en la nevera....No soy un dios…Tengo mis fallos.

-Eso pasa en todos los matrimonios, en todas las parejas, pero no son motivos para que te deje plantada y si no que haga él esas cosas…¿no entiendes que un mal momento lo tiene cualquiera?

-Ya…Pero estoy segura que tiene un lío. Salió de la habitación para hablar por el móvil y cuando volvió, ya no era el mismo.

-Sería por algún hijo. Alguna noticia de su otra familia…

-No. Eso suele contármelo. Pero no…

Se tapó la cara con las manos y rompió a llorar. No sabía qué decirle y opté por prepararle un vaso de leche bien lleno para que su estómago maltrecho por la aspirina se entonase un poco.

-Soy una desgraciada con mala suerte.

-¿Cómo dices eso? Estoy convencida de que vuelve. Primero, te quiere y en otro plano, ¿dónde iba a estar mejor que aquí, cómodo y mimado sin faltarle de nada?

Me miró con sus ojos gatunos rasgados de quirófano y apretó sus picudos labios rellenos de bótox con un gemido. Luego, me dijo con amargura:

- Es una maldición…lo sé. No encontraré nunca un amor duradero. Me lo dijo mi padre harto de vino, pero me lo soltó: “Siempre estarás solo, hijo mío…Solo...”

La abracé y la apreté contra mí. Me rompió el alma cuando la oí usar un masculino que nunca nombraba, porque antes de que sus hermanos unieran sus ahorros para hacerla feliz y la operasen, Celsa, se llamaba en realidad Juan Carlos...

jueves, 11 de septiembre de 2008

¡¡¡HOLA!!!

¡Aayyy!...¡Qué “cansera”, amigos! ¿Cómo estáis? Os he seguido, os he leído cuando he podido porque vuestras cosas me han servido de relax y no es cumplido lo que digo. Estas vacaciones, más largas de lo que me creía por cierto, muy bien, pero nada de descanso. Viajes y trabajo. Trabajo gratificante pero eso…trabajo.

Ya me di cuenta de que hemos sido bastantes los que desertamos de todo este mundillo cibernético pero…había que descansar y renovarse.

En mi casa de la playa estuve con mis tres hijos, mis dos yernos, mis tres nietos, de cuatro, tres años y seis meses respectivamente, un muy querido hermano y su mujer que me ayudaba como si fuera un robot incansable en el ingrato quehacer de las comidas y organizar la cocina, (¡cuánto comemos en esta familia!) sus dos nietas mellizas de nueve años, la hermana de uno de mis yernos, mi marido, una servidora y muchas veces, cuando observaba que aspiraba una y otra vez el aroma de lo que hacíamos para comer, ponía los ojos en blanco como poseída y se quedaba en una especie de éxtasis, también se sentaba a la mesa mi asistenta boliviana, de buen paladar y mejores palabras para ponderar mis dotes culinarias, y yo, entre tanto entregado comensal, me hinchaba como un pavo o mejor, como una gallina clueca, viendo con satisfacción cómo desaparecía todo eso que tanto me costaba fabricar.


Aún con el sudor llegando al zapato, recogíamos la mesa y, mientras todos se hacían una siestecilla, mi cuñada santa, que lo es, pensábamos en la cena mientras le damos al trapo y al estropajo. Apenas teníamos tiempo para comenzar otra vez la odisea, pero…¡qué bien se nos daban las socorridas tortillas! Eso, y “los bocatas” de cualquier cosa con lo que acallar los estómagos infantiles en las meriendas- cenas, para que luego con solo repartir unas leches en el mejor de los sentidos, cayeran en la cama como sacos de plomo con tanto trajinar en el mar, en la piscina o con los mil juegos que protagonizaban.

Con todo en silencio, mientras los jóvenes se echaban sus partidas o se iban a degustar una buena horchata de Alboraya por las ferias del malecón, mi cuñada y yo, casi extenuadas por el trasiego, nos sentábamos en sendas tumbonas con las piernas en alto a ver si dejaban de latirnos por cada poro.

-Qué...¿descansando las señoras? – ese era mi hermano el oportuno que preguntaba porque a mi marido, ni se le ocurría- ¡qué vida lleváis de reinas en trono, chicas…!
Ni contestábamos. Reinas con cetro de raseras y palos de fregona. Yo me sumergía en el ruido que hacían las llisas al agitar el agua de la dársena huyendo de los dorados que pugnaban por dejarlas sin cola y me abandonaba también en el
martilleo acompasado de los cabos que golpean siempre los mástiles en las embarcaciones de recreo amarradas a seis metros de mi terraza…


Perlas del Segura