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jueves, 16 de octubre de 2008

PASAR PÁGINA




Las microdecepciones guardan relación con el relato personal que cada ser humano escribe mentalmente al compás de sus días. Nuestro relato no está inmunizado ante la decepción. A veces se veía venir, dices, y otras te asalta por sorpresa cambiando renglones y moviendo palabras sin punto y aparte; ahí donde había cercanía escribes falsedad, donde leías cariño, ahora figura rechazo. Se trata de decepciones pasajeras, por lo que sus garras no tienen categoría de envite, pero resultan descorteses e incluso miserables. En ellas puede cobijarse la ignorancia o la falta de reconocimiento, el ninguneo o la envidía que esperaba impaciente el momento para su puesta de largo.

Pero tal vez lo más intolerable de las microdecepciones sea su falta de elegancia; su espesura contrapuesta a lo noble y a lo transparente. Es como si todo tuviera un precio. A veces las relaciones de trabajo se camuflan - por interés - bajo falsas muestras de amistad mientras algunas relaciones amorosas se confunden con historias imaginarias que nunca serán tal y como se había soñado. La buena noticia es que en ocasiones son mucho mejores.




Ésas son las verdaderas conquistas, aunque para lograrlas hay que vivir a cara descubierta, sin reprimirle al corazón sus discursos temerarios.

Las relaciones humanas, la amistad y el compañerismo son una de las principales fuentes de la felicidad según estudios de la psicología positiva y la capacidad de amar , en las personas dichosas, es superior a sus miedos. A menudo nos aconsejamos unos a otros precaución en las relaciones humanas, medir la entrega, aprender de las decepciones y aunque la experiencia no es garantía de nada, te enseña en muchas ocasiones que tus problemas, son en realidad los problemas de los otros.

Perlas del Segura