
Las microdecepciones guardan relación con el relato personal que cada ser humano escribe mentalmente al compás de sus días. Nuestro relato no está inmunizado ante la decepción. A veces se veía venir, dices, y otras te asalta por sorpresa cambiando renglones y moviendo palabras sin punto y aparte; ahí donde había cercanía escribes falsedad, donde leías cariño, ahora figura rechazo. Se trata de decepciones pasajeras, por lo que sus garras no tienen categoría de envite, pero resultan descorteses e incluso miserables. En ellas puede cobijarse la ignorancia o la falta de reconocimiento, el ninguneo o la envidía que esperaba impaciente el momento para su puesta de largo.
Pero tal vez lo más intolerable de las microdecepciones sea su falta de elegancia; su espesura contrapuesta a lo noble y a lo transparente. Es como si todo tuviera un precio. A veces las relaciones de trabajo se camuflan - por interés - bajo falsas muestras de amistad mientras algunas relaciones amorosas se confunden con historias imaginarias que nunca serán tal y como se había soñado. La buena noticia es que en ocasiones son mucho mejores.
Ésas son las verdaderas conquistas, aunque para lograrlas hay que vivir a cara descubierta, sin reprimirle al corazón sus discursos temerarios.
Las relaciones humanas, la amistad y el compañerismo son una de las principales fuentes de la felicidad según estudios de la psicología positiva y la capacidad de amar , en las personas dichosas, es superior a sus miedos. A menudo nos aconsejamos unos a otros precaución en las relaciones humanas, medir la entrega, aprender de las decepciones y aunque la experiencia no es garantía de nada, te enseña en muchas ocasiones que tus problemas, son en realidad los problemas de los otros.