domingo, 2 de noviembre de 2008

CUENTO MUY PARTICULAR

Anoche me fui al baile,

me invitó la Cenicienta,

sus hermanas y madrastra

y alguna que otra parienta.

Al mirarnos el príncipe

fue tan rápido y nervioso,

que cayó en una tarta

y salió todo cremoso.

Y oliendo a merengue fino

con mucha delicadeza,

con mirada de cordero,

entre todas las bellezas,

me saludó a mí primero...

¡Qué chasco la Cenicienta!

¡qué sorpresa la madrastra!

¡qué rabia sus hermanastras!

¡qué cotillas las parientas...!

-”Oh, hermosa señorita

delicada como flor

deliciosa y bonita!

¿de dónde salís, por favor?”

Me sonrojé de contento

y en un golpe de tos,

improvisé en un momento:

-”Pues...aquí. A veros a vos”.

Y con olor a mil dulces

de chocolate y fresones,

nos pusimos danzar

desgastando los salones.

Pensaba la Cenicienta

que, algo de ésto no marchaba...

¿Dónde quedaba su encanto,

la calabaza, el hada...?

Que después de haber estado

cosiendo a toda carrera

el príncipe, ni siquiera

por cumplir, la había mirado...

¡Qué pena de zapatitos

comprados en el mercado!

De cristal...¡y tan bonitos!

¡y lo que habían costado!

Las hermanastras contentas,

con tal de verla infeliz,

les importaba un comino

que el cuento no fuera así.

Y al ser la media noche,

como el rey tenía ordenado,

salimos todos corriendo

y, algunos, por el tejado,

que cientos de limpiadoras

se apresuraban barriendo.

¡Qué desastres de sofás

de mesitas y sillines

llenos de migas de pan

gorgueras y peluquines...!

¡Qué nobles tan descuidados!

¿y “las noblas”?... ¡qué gorrinas

limpiando sus bellos labios

entre las lindas cortinas...!

Y al limpiar la escalinata

ocurrió algo inaudito:

De cristal, blanco de nata,

apareció un zapatito.

El corazón del príncipe

de alegría, se arrebata

y la Cenicienta dice

que si me viene, me mata.

Pero el príncipe, ya sueña,

y por el pregón vocea

que casará con su dueña

aunque sea guapa o fea.



-“Piensa en mí, casi seguro;

veremos cómo le sienta

a la madre, las hermanas

y a la pobre Cenicienta.”

Y llega el día ansiado

en que esperan muy nerviosas

las que quieren ser esposas

de quien con tanto han soñado.

Van marchando una por una

descalzado el piececito

midiéndose el zapatito

sin quedarse atrás ninguna.

Y el paje, inoportuno,

se lo pone a Cenicienta

y a voz en grito comenta:

-”¡ Justooo! ¡el cuarenta y uno!

Ya está mi gozo en un pozo

y aquí la historia se acaba:

Se casó con Cenicienta

siendo a mí a quien amaba.

Más, creo que fueron felices

porque encargaron perdices,

pero ya no fue mi dueño.

Tenía que ser así...

Desperté...¡Todo fue un sueño...!



(De mi libro "Poesía boba para aprender". Segundo Ciclo.- I.S.B.N. : 84-87148-68-9 )

domingo, 26 de octubre de 2008

FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS



Fiel a mi gusto por dar a conocer de vez en cuando, a autores murcianos que han dado brillantez a nuestras páginas literarias, me complace presentar hoy, a un escritor paisano, comprometido y vocacional y que por suerte solo tiene cincuenta años recién cumplidos, lo que quiere decir que navegará mucho tiempo por estos mares de las letras en los que nos gusta sumergirnos a más de un admirador de la magia que desprenden.

Francisco Javier Illán, nació en Molina de Segura (Murcia) en octubre de 1958, emigró con sus padres muy joven a tierras extremeñas, pero al igual que Alberti, que no pudo ni quiso perder de vista al mar que le vio nacer, Illán añoraba su tierra y su huerta, el entorno en el que vio la luz primera, las pequeñas casas junto al río, los abuelos ancianos y regresó con veinte años de edad dispuesto a cantar todas estas cosas que habían arropado una infancia feliz y dedicarse por entero a su vocación literaria.

Trabajador infatigable, dinámico - eso fue lo primero que hizo que me fijase en su obra- cultivador de cualquier género, desde el cuento a la poesía, el relato, crítica y comentario ( ha colaborado en muchas revistas tanto nacionales como extranjeras) acaba de publicar la segunda novela de una trilogía fantástica "La cólera de Nébulos".

La primera parte de esa saga se llamó "La maldición" (Nausiccä - 2004) va por la tercera edición y la segunda entrega, recientemente publicada, "El Rey de las Esfinges" (Loto XII) promete ser todo un éxito por sus connotaciones descriptivas llenas de originalidad dentro de la más imaginativa fantasía.

La poesía que ofrece, está cargada de nostalgias, de recuerdos. Un canto de amor por todo aquello que vivió en su niñez y que el tiempo fue cambiando y tapando, pero que nunca quedó en el olvido...


El arriate pleno de flores
ahora es abandono
en los colores
y en el alma
Nada recuerda sus muchos olores
tampoco los susurros con que regabas
caléndulas y lirios
margaritas y violetas...(:)

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Cada poema es
esa instantánea
de quien soy
y cuanto siento
como brota del alma
descuidada,
desarreglada,
del foso
en donde vivo.
Creciendo como espuma
soy, en ese instante,
lo que escribo
sin cerrar los ojos
sin sombras
a la luz
de tus pupilas.

jueves, 16 de octubre de 2008

PASAR PÁGINA




Las microdecepciones guardan relación con el relato personal que cada ser humano escribe mentalmente al compás de sus días. Nuestro relato no está inmunizado ante la decepción. A veces se veía venir, dices, y otras te asalta por sorpresa cambiando renglones y moviendo palabras sin punto y aparte; ahí donde había cercanía escribes falsedad, donde leías cariño, ahora figura rechazo. Se trata de decepciones pasajeras, por lo que sus garras no tienen categoría de envite, pero resultan descorteses e incluso miserables. En ellas puede cobijarse la ignorancia o la falta de reconocimiento, el ninguneo o la envidía que esperaba impaciente el momento para su puesta de largo.

Pero tal vez lo más intolerable de las microdecepciones sea su falta de elegancia; su espesura contrapuesta a lo noble y a lo transparente. Es como si todo tuviera un precio. A veces las relaciones de trabajo se camuflan - por interés - bajo falsas muestras de amistad mientras algunas relaciones amorosas se confunden con historias imaginarias que nunca serán tal y como se había soñado. La buena noticia es que en ocasiones son mucho mejores.




Ésas son las verdaderas conquistas, aunque para lograrlas hay que vivir a cara descubierta, sin reprimirle al corazón sus discursos temerarios.

Las relaciones humanas, la amistad y el compañerismo son una de las principales fuentes de la felicidad según estudios de la psicología positiva y la capacidad de amar , en las personas dichosas, es superior a sus miedos. A menudo nos aconsejamos unos a otros precaución en las relaciones humanas, medir la entrega, aprender de las decepciones y aunque la experiencia no es garantía de nada, te enseña en muchas ocasiones que tus problemas, son en realidad los problemas de los otros.

viernes, 10 de octubre de 2008

ASUNCION... otra vez

Mi prima y yo desayunamos en una cafetería muy coqueta de Trapería. Da gusto pasear por Murcia tempranito en este tiempo de otoño a pesar de que las mañanas han refrescado algo. Charlando como íbamos, me he fijado en una señora que me ha resultado familiar a la altura de Santo Domingo.

-Mira, Chon, parece doña Lola…

¿Para qué lo he dicho? Asunción, se ha detenido de repente, me ha soltado el brazo y se ha lanzado literalmente a la señora que se ha quedado asombrada mientras recibía unos formidables y apretados abrazos con sus meneos correspondientes.

-¡Doña Lola!...¡Ay, doña Lola cuánto tiempo…!

Doña Lola había sido maestra en mi pueblo y había educado a toda una generación que nunca pudo olvidarla de puro bien que lo hizo. Ni mi prima ni yo fuimos sus alumnas, pero como todos, llegamos a quererla y respetarla y ella nos conocía bien. Asunción no podía contener las lágrimas mientras yo me he quedado plantada a unos metros observando la escena. Sí que la quería, sí.

-¡Doña Lola…! ¡Es que no puedo creerlo! ¿Cómo está usted?

Al fin iba a dejar que se expresara la mujer que la miraba extrañada.

-Pues…ya ves, hija mía, cada vez más vieja, pero…

-¿Vieja? Pero si está usted igual…-Ha dicho mi vehemente prima sin dejarla hablar- ¡Ni se le ocurra decir eso…!

-Pues yo me noto sin fuerzas, ya ves. Me duele todo. Tengo una artrosis que nada me alivia…

-¿Artrosis? No diga eso. ¡Yo soy la que estoy hecha una pena con cincuenta años recién cumplidos…!

Tenía que haber interrumpido. Asunción se pasaba ¿Cincuenta años? Cada vez se quita más edad esta prima mía. Ahora es menor que el hermano que le sigue en orden. No tiene cura.

-Cuente…¿Cómo no va usted por el pueblo? ¿No se acuerda de lo que la queremos por allí? ¡Cuánto se la echa de menos!

-¿Ah, sí? ¿Se me echa de menos? ¿En qué pueblo, hijica?

Asunción se ha separado de la mujer unos instantes y ha dejado de moverla. Luego la ha mirado de frente y después me ha mirado y ha vuelto a la carga. Si doña Lola era presa de alguna enfermedad traicionera, había que hurgar en ese cerebro dormido.

-¡Que soy yo! ¡Asuncionica, la hija de sus vecinos!

-Ahhh …-ha sido la respuesta.

-Pero bueno, ¿usted no es doña Lola?

-Mujer…yo siempre he sido Lola…así, a secas…sin el “doña”

Asunción, despertaba. Ya no lo tenía claro.

-Usted …¿no era maestra en Molina de Segura?

-¿Yo?...Pues no. Yo he pasado por Molina de paso, hija, y no soy maestra, soy la hermana del cura párroco de Santo Domingo y ama de casa…

¿Cómo le decía a mi prima que doña Lola, de la quinta de nuestras madres, se murió hacía ya muchos años y que era más lógico que ella lo supiera y no yo, que siempre he estado fuera del pueblo?

Le ha pedido perdón a la buena mujer y la buena señora, a cambio, le ha dado un montón de besos como consuelo por no ser la Lola que Asunción creía. Un encanto.

-Lo siento, hija. Me habría gustado ser esa maestra de tu pueblo…

De vuelta, sin cruzar palabra, he notado cómo mi prima me miraba de reojo. Llevaba las manos en plan cartujo enlazadas sobre el estómago como para aprisionarlas y no abofetearse por su ridículo. Solo dos frases hemos cruzado antes de la despedida.

-Si te llegas a reír…¡no vuelvo a mirarte a la cara!- ha dicho ella.

-No, era para llorar- he dicho yo – porque si no hubiera estado muerta, seguro que la matas tú con el traqueteo del cuello que le dabas…

-¡Prima, que te conozco…! ¡¡Ni se te ocurra burlarte que eso de equivocarse le pasa a mucha gente!!

-Si…Pero nadie trata de romper las vértebras a nadie aunque fuera conocido y….

-¡Chisss…!

Señor, es terrible contener la risa…Difícil y terrible. Doy fe.

lunes, 29 de septiembre de 2008

ANHELOS



¡Qué bello ser brisa que todo lo invade

que acaricia y que besa…!

Ser susurro de viento

que acuna y adormece

vencida su fuerza…



¡Qué bello ser canto y borrar la tristeza

que arrastra desvelos

en albas inquietas…!

Ser un beso de espuma…

Rubor de arco iris y brillo de estrellas…



¡Qué bello ser magia que todo lo cambia


que dibuja sonrisas en bocas selladas…!


Ser consejo cierto y bálsamo de almas…


Aliento de ángel sobre las espaldas…



domingo, 21 de septiembre de 2008

CELSA


Mi ex alumna Celsa con la que nunca he perdido el contacto, la ayudante más activa y genial que tuve en el colegio, con sus coreografías originales y extrañas en las fiestas de fin de curso, me llamó ya tarde.

-Me voy a morir y no quiero estar sola…-escuché a través del móvil.

-¿Qué te pasa, cielo?

-Esta vez me he tomado un tubo de pastillas y estoy nerviosa.

-Lo que estás es algo tonta –le dije sin poder remediarlo porque Celsa, ya lo había intentado otras veces sin mucho convencimiento.

Cogí el coche por si aquel cuentecillo del pastor y el lobo se repetía y cuando llegué a su precioso ático, la encontré casi a oscuras, hecha unos trapos, medio desnuda con una especie de camisón corto, transparente y con sus enormes pechos de silicona, asomando casi al total por el escote.

-No me riñas hoy que soy una desgraciada…Nico, me ha dejado.

Me quedé de una pieza. Me contó entre sollozos ahogados que Doménico, el chico italiano que vive con ella desde hacía casi dos años y que ha sido el hombre que más le estaba durando, se había ido y no había vuelto cuando debía. Afable y cariñoso, yo creo que la quiere sinceramente. Bien es verdad que no sé quien cuida a quien, porque con la excusa de que tiene que atender a su otra familia y no le sobra un euro, vive en el precioso piso de Celsa, va vestido y calzado impecable con las firmas que ella le compra y cuando tiene que cortarse el pelo, lo manda a Llongueras porque es donde mejor entienden su óvalo de cara. Pero es buen compañero y la respeta. Le perdona sus cambios de humor y sus histerias y Celsa, lo adora.

No entiendo qué ha podido pasar, porque cuando ella llega a casa de su bar de copas a la una o las dos de la mañana, Doménico duerme y cuando él se levanta para ir a sus compromisos de comercial, es Celsa la que se queda descansando. Quizás el fín de semana no fue bueno...

-¿Qué has tomado?-le pregunté algo más que preocupada atendiendo al serio motivo.

Me señaló un tubo de Sedergine, una especie de aspirina efervescente totalmente vacío. Cuatro pastillas se había bebido diluidas y cuando leí que el salicílico solo llegaba a trescientos miligramos por pastilla, me tranquilicé. Hice mi multiplicación mental y pensé que mil doscientos miligramos de salicílico, no iban a matarla.

- ¿Y…?- quise saber

-El lunes, mi Nico se levantó con ganas de pelea y se fue con un portazo. No me dio el beso de despedida y se quejó por todo: por el pantalón sin raya, por los zapatos con polvo, porque no metí un paquete nuevo de leche en la nevera....No soy un dios…Tengo mis fallos.

-Eso pasa en todos los matrimonios, en todas las parejas, pero no son motivos para que te deje plantada y si no que haga él esas cosas…¿no entiendes que un mal momento lo tiene cualquiera?

-Ya…Pero estoy segura que tiene un lío. Salió de la habitación para hablar por el móvil y cuando volvió, ya no era el mismo.

-Sería por algún hijo. Alguna noticia de su otra familia…

-No. Eso suele contármelo. Pero no…

Se tapó la cara con las manos y rompió a llorar. No sabía qué decirle y opté por prepararle un vaso de leche bien lleno para que su estómago maltrecho por la aspirina se entonase un poco.

-Soy una desgraciada con mala suerte.

-¿Cómo dices eso? Estoy convencida de que vuelve. Primero, te quiere y en otro plano, ¿dónde iba a estar mejor que aquí, cómodo y mimado sin faltarle de nada?

Me miró con sus ojos gatunos rasgados de quirófano y apretó sus picudos labios rellenos de bótox con un gemido. Luego, me dijo con amargura:

- Es una maldición…lo sé. No encontraré nunca un amor duradero. Me lo dijo mi padre harto de vino, pero me lo soltó: “Siempre estarás solo, hijo mío…Solo...”

La abracé y la apreté contra mí. Me rompió el alma cuando la oí usar un masculino que nunca nombraba, porque antes de que sus hermanos unieran sus ahorros para hacerla feliz y la operasen, Celsa, se llamaba en realidad Juan Carlos...

jueves, 11 de septiembre de 2008

¡¡¡HOLA!!!

¡Aayyy!...¡Qué “cansera”, amigos! ¿Cómo estáis? Os he seguido, os he leído cuando he podido porque vuestras cosas me han servido de relax y no es cumplido lo que digo. Estas vacaciones, más largas de lo que me creía por cierto, muy bien, pero nada de descanso. Viajes y trabajo. Trabajo gratificante pero eso…trabajo.

Ya me di cuenta de que hemos sido bastantes los que desertamos de todo este mundillo cibernético pero…había que descansar y renovarse.

En mi casa de la playa estuve con mis tres hijos, mis dos yernos, mis tres nietos, de cuatro, tres años y seis meses respectivamente, un muy querido hermano y su mujer que me ayudaba como si fuera un robot incansable en el ingrato quehacer de las comidas y organizar la cocina, (¡cuánto comemos en esta familia!) sus dos nietas mellizas de nueve años, la hermana de uno de mis yernos, mi marido, una servidora y muchas veces, cuando observaba que aspiraba una y otra vez el aroma de lo que hacíamos para comer, ponía los ojos en blanco como poseída y se quedaba en una especie de éxtasis, también se sentaba a la mesa mi asistenta boliviana, de buen paladar y mejores palabras para ponderar mis dotes culinarias, y yo, entre tanto entregado comensal, me hinchaba como un pavo o mejor, como una gallina clueca, viendo con satisfacción cómo desaparecía todo eso que tanto me costaba fabricar.


Aún con el sudor llegando al zapato, recogíamos la mesa y, mientras todos se hacían una siestecilla, mi cuñada santa, que lo es, pensábamos en la cena mientras le damos al trapo y al estropajo. Apenas teníamos tiempo para comenzar otra vez la odisea, pero…¡qué bien se nos daban las socorridas tortillas! Eso, y “los bocatas” de cualquier cosa con lo que acallar los estómagos infantiles en las meriendas- cenas, para que luego con solo repartir unas leches en el mejor de los sentidos, cayeran en la cama como sacos de plomo con tanto trajinar en el mar, en la piscina o con los mil juegos que protagonizaban.

Con todo en silencio, mientras los jóvenes se echaban sus partidas o se iban a degustar una buena horchata de Alboraya por las ferias del malecón, mi cuñada y yo, casi extenuadas por el trasiego, nos sentábamos en sendas tumbonas con las piernas en alto a ver si dejaban de latirnos por cada poro.

-Qué...¿descansando las señoras? – ese era mi hermano el oportuno que preguntaba porque a mi marido, ni se le ocurría- ¡qué vida lleváis de reinas en trono, chicas…!
Ni contestábamos. Reinas con cetro de raseras y palos de fregona. Yo me sumergía en el ruido que hacían las llisas al agitar el agua de la dársena huyendo de los dorados que pugnaban por dejarlas sin cola y me abandonaba también en el
martilleo acompasado de los cabos que golpean siempre los mástiles en las embarcaciones de recreo amarradas a seis metros de mi terraza…


Perlas del Segura