CUENTO MUY PARTICULAR
Anoche me fui al baile,
me invitó
sus hermanas y madrastra
y alguna que otra parienta.
Al mirarnos el príncipe
fue tan rápido y nervioso,
que cayó en una tarta
Y oliendo a merengue fino
con mucha delicadeza,
con mirada de cordero,
entre todas las bellezas,
me saludó a mí primero...
¡Qué chasco
¡qué sorpresa la madrastra!
¡qué rabia sus hermanastras!
¡qué cotillas las parientas...!
-”Oh, hermosa señorita
delicada como flor
deliciosa y bonita!
¿de dónde salís, por favor?”
Me sonrojé de contento
y en un golpe de tos,
improvisé en un momento:
-”Pues...aquí. A veros a vos”.
Y con olor a mil dulces
de chocolate y fresones,
nos pusimos danzar
desgastando los salones.
Pensaba
que, algo de ésto no marchaba...
¿Dónde quedaba su encanto,
la calabaza, el hada...?
Que después de haber estado
cosiendo a toda carrera
el príncipe, ni siquiera
por cumplir, la había mirado...
comprados en el mercado!
De cristal...¡y tan bonitos!
¡y lo que habían costado!
Las hermanastras contentas,
con tal de verla infeliz,
les importaba un comino
que el cuento no fuera así.
Y al ser la media noche,
como el rey tenía ordenado,
salimos todos corriendo
y, algunos, por el tejado,
que cientos de limpiadoras
se apresuraban barriendo.
¡Qué desastres de sofás
de mesitas y sillines
llenos de migas de pan
gorgueras y peluquines...!
¡Qué nobles tan descuidados!
¿y “las noblas”?... ¡qué gorrinas
limpiando sus bellos labios
entre las lindas cortinas...!
Y al limpiar la escalinata
ocurrió algo inaudito:
De cristal, blanco de nata,
apareció un zapatito.
El corazón del príncipe
de alegría, se arrebata
y
que si me viene, me mata.
Pero el príncipe, ya sueña,
y por el pregón vocea
que casará con su dueña
aunque sea guapa o fea.
-“Piensa en mí, casi seguro;
veremos cómo le sienta
a la madre, las hermanas
y a la pobre Cenicienta.”
Y llega el día ansiado
en que esperan muy nerviosas
las que quieren ser esposas
de quien con tanto han soñado.
Van marchando una por una
descalzado el piececito
midiéndose el zapatito
sin quedarse atrás ninguna.
Y el paje, inoportuno,
se lo pone a Cenicienta
y a voz en grito comenta:
-”¡ Justooo! ¡el cuarenta y uno!
Ya está mi gozo en un pozo
y aquí la historia se acaba:
Se casó con Cenicienta
siendo a mí a quien amaba.
Más, creo que fueron felices
porque encargaron perdices,
pero ya no fue mi dueño.
Tenía que ser así...
Desperté...¡Todo fue un sueño...!
(De mi libro "Poesía boba para aprender". Segundo Ciclo.- I.S.B.N. : 84-87148-68-9 )










