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jueves, 3 de abril de 2008

MARÍA CEGARRA


De vuelta a Cartagena después de muchos meses, me he pasado por La Unión, ese lugar minero que fue y ya no es, pero que conserva ese sabor de pueblo laborioso poblado de artistas.

Al pasar por la pequeña plaza donde se ubica el Museo Minero, un busto de María Cegarra, la olvidada e insigne poetisa murciana, me sonreía con su eterna sonrisa de mármol y me ha parecido justo hacer un breve recuerdo sobre su figura.

Esta poeta - que me gusta más esta denominación- nació en La Unión en el año 1903 y murió en el mismo lugar el 26 de marzo de 1993 y fue la primera mujer en España que se licenció en química y que desde su especialización hizo importantes estudios mineros y que no dudó en bajar a la mina con todos sus compañeros tantas veces como fue necesario con los consabidos pantalones, cuando esta prenda estaba vedada para una mujer. Además de ejercer su profesión, ejerció la docencia y fundó el primer instituto en Cartagena y allí impartió durante muchos años todos sus conocimientos como eran, aparte de la química, historia y literatura.

Siempre le gustó componer, pero su obra empezó a conocerse a raíz de la enfermedad de su hermano Félix que murió joven después de haberse consumido con una extraña dolencia, y de ahí surgió su poemario "Cristales rotos".

No tuvo una tendencia política concreta pero sí se sabe que era una persona religiosa, cosa que no le impidió tratarse con algunos autores de la Generación del 27 en la que podría catalogarse, muy lejos de sus creencias y sí que fue conocida su estrecha relación con Miguel Hernández, posible causa de que nunca se casara.

Miguel Hernández, era amigo de su hermano y solían verse a menudo. Ella confesaría que le gustaba como persona, como amigo y no como enamorado, pero era incuestionable que hubo una relación sentimental de la que se guardan testimonios epistolares. El poeta, no era un hombre guapo, no era muy alto, pero tenía un encanto personal en cuanto hablaba que cautivaba a sus interlocutores y él lo sabía, así que haciéndo gala de eso, no solo contó con el amor de Josefina Manresa sino que muchas se rindieron a su verbo fácil como la filósofa María Zambrano o alguna relación más exaltada como la mantenida con la pintora Maruja Mallo.

El amor mantenido con Miguel, era elevado, profundo y muy respetuoso. A María no le gustaba hablar de eso, pero no lo negaba y lo recordará en las últimas páginas de su poemario "Cada día conmigo":

"Deseo que la lectura de este pequeño libro, deje un grato recuerdo terminándolo con los versos de "El rayo que no cesa" en su versión original a mí dedicada...

Y en el colofón del citado poemario, escribe:

Si de pronto aparecieses...
El pasado tan lleno de tí estuvo
Que nunca fuiste ido...

Hay en su legado una carta del escritor Antonio Oliver en la que le anuncia la muerte del poeta y desde luego, ya no se la relacionó con nadie más.

Presencia de Miguel

Nadie,
-ni antes ni después de ti-
Supo, sabe
Pronunciar mi nombre.
Hacías una creación de la palabra,
Del tono, del sonido, del acento…
Entonces…
Te recuerdo en mi nombre
-aprendido de ti-
Que conmigo inseparable, llevo.
Inconsumible, ingrávido.
Sin muerte y sin dolor.


Saeta dedicada al Cristo de los Mineros

Dame el marro compañero,
Que tengo que desclavar al Cristo de los Mineros
Y no voy a “relevar”.
No tengo miedo a las minas
Ni le temo a los barrenos
Porque conmigo camina
El Cristo de los Mineros
Sangrando por las espinas.
No necesitas sepulcro,
Que la galería te espera
Con los cirios de pirita
Y el sudario de galena.






Perlas del Segura