
Esta mañana, bien temprano, me he cogido el carrito de compra y me he ido al supermercado porque tenía la nevera en crisis total.
Al pasar por un establecimiento de dermoestética que tiene para mí un atractivo imposible de definir, me he detenido para ver esas pócimas milagrosas de última generación que aseguran que nos van a dejar la cara tan tersa como cuando éramos unos bebés. No puedo evitarlo porque, aunque soy fiel a mis cremas de siempre que me mantienen y que están al alcance de cualquier bolsillo medio y sensato, esas cajitas coloreadas con la suavidad del satén, con sus mejunjes tentadores asomando en la propaganda como si fueran el bálsamo de Fierabrás...¡Ay :Me enganchan. Además, había en el escaparate un cartel que decía: "Hoy, jueves, la dermatóloga y esteticién Doña Fulanita de Tal...(es muy conocida, puedo asegurarlo) le atenderá gratuita y personalmente"
No he podido resistir. Me he dado cuenta de que soy más débil y vulnerable de lo que me creía y mi carro, la compra y yo hemos pasado al interior. Confieso que me he sentido una maruja total. Casi sin pintar, solo me faltaban unos rulos en el pelo y un delantal, pero...¿qué podía perder ante la tentación y el ahorro de la consulta?
La dermatóloga esteticista era una señora como de mi edad, -algo más jóven puede- y de no llevar una capa de maquillaje muy bien puesta y camuflada, se le hubieran visto las mismas arrugas impertinentes que yo tengo.
Se ha puesto detrás de una descomunal lupa de un montón de aumentos y me la ha colocado sobre la cara. Claro, así, me debía ver cada poro como un cráter volcánico que daría miedo y de pronto, ha puesto cara de susto y ha exclamado: -¡Por Dios...! ¡No toma usted nada de NANOSOMAS...!
-Oiga yo...- le he dicho con mucho sentimiento de culpabilidad- Si tengo algo malo en la piel, pues, por favor, dígamelo porque yo soy valiente y si tengo que preparar a mi familia con alguna mala noticia...
-No se lo tome usted a broma, criatura...(lo del "criatura", ha hecho que me animara). Tiene usted una piel muy buena para ser tratada debidamente y así retrasar las marcas que el tiempo, inevitablemente, dejará en su rostro, pero ha de ponerse manos a la obra. Estamos a tiempo.
-¿Con las nanosomas? Oiga - me he atrevido- yo tomo isoflavonas que me vienen con la leche que tomo y el calcio y...
-Nada, nada...
-Pero, de verdad, que me encuentro bien con las isoflavonas -he recalcado oliéndome el plan de la señora.
Se ha metido hasta la trastienda y ha venido con dos cajitas y un envase algo más grande que contenía un tónico.
Viéndola explicándo la bondad de aquellas cremas, me he entretenido mirándola y a punto he estado de pedirle el maquillaje que llevaba puesto que ese sí que tenía buena acción de camuflaje. No lo he hecho y menos mal porque para acabar pronto, he salido de allí con sesenta euros menos en mi cartera -precio de crisis también, decía- y con un tremendo remordimiento atenuado porque no he comprado el dichoso maquillaje. Claro que, ¿y si las nanosomas se ausentan para siempre de mi piel y me quedo como la bruja de Blanca Nieves?
A mi marido le he dicho lo cara que está la vida y cómo ha subido todo y hasta fin de mes, voy a ver si estrujo el congelador y lo apuro bien apurado antes de volver al súper. Tengo que amortizar los sesenta euros y como me vea una arruga nueva...¡se va a enterar la esteticien esa!
Se ha puesto detrás de una descomunal lupa de un montón de aumentos y me la ha colocado sobre la cara. Claro, así, me debía ver cada poro como un cráter volcánico que daría miedo y de pronto, ha puesto cara de susto y ha exclamado: -¡Por Dios...! ¡No toma usted nada de NANOSOMAS...!
-Oiga yo...- le he dicho con mucho sentimiento de culpabilidad- Si tengo algo malo en la piel, pues, por favor, dígamelo porque yo soy valiente y si tengo que preparar a mi familia con alguna mala noticia...
-No se lo tome usted a broma, criatura...(lo del "criatura", ha hecho que me animara). Tiene usted una piel muy buena para ser tratada debidamente y así retrasar las marcas que el tiempo, inevitablemente, dejará en su rostro, pero ha de ponerse manos a la obra. Estamos a tiempo.
-¿Con las nanosomas? Oiga - me he atrevido- yo tomo isoflavonas que me vienen con la leche que tomo y el calcio y...
-Nada, nada...
-Pero, de verdad, que me encuentro bien con las isoflavonas -he recalcado oliéndome el plan de la señora.
Se ha metido hasta la trastienda y ha venido con dos cajitas y un envase algo más grande que contenía un tónico.
Viéndola explicándo la bondad de aquellas cremas, me he entretenido mirándola y a punto he estado de pedirle el maquillaje que llevaba puesto que ese sí que tenía buena acción de camuflaje. No lo he hecho y menos mal porque para acabar pronto, he salido de allí con sesenta euros menos en mi cartera -precio de crisis también, decía- y con un tremendo remordimiento atenuado porque no he comprado el dichoso maquillaje. Claro que, ¿y si las nanosomas se ausentan para siempre de mi piel y me quedo como la bruja de Blanca Nieves?
A mi marido le he dicho lo cara que está la vida y cómo ha subido todo y hasta fin de mes, voy a ver si estrujo el congelador y lo apuro bien apurado antes de volver al súper. Tengo que amortizar los sesenta euros y como me vea una arruga nueva...¡se va a enterar la esteticien esa!