
En mis sueños tengo que dar unos vuelos enormes para salvar obstáculos y pasar de montaña a montaña y, como en la canción de Rolando, me quedo suspendida en el aire a muchos metros del suelo. Luego, me despierto con una angustia enorme y muchas veces salto en la cama dormida y gimoteando. En resumen: tengo vértigo.
Como respuesta , intento vencerme y algo he logrado pero no es la primera vez, como hace poco, en las laderas de las montañas que circundan San Juan de la Peña, que tengo que bajar desde donde me subí con el innoble sistema de "arrastraculos" pasando las de Caín.
Me da miedo la oscuridad en las calles. Las pocas veces que he tenido que padecer un apagón, he oído pisadas a mi espalda con unos visos de realidad tales, que hasta me ha dado taquicardia. No voy al cine entre semana por la soledad que nos envuelve al salir y siempre llevo algún euro por los bolsillos dispuesta a regalarlo al primero que me aborde con mala cara.Siempre leo las esquelas mortuorias del periódico que cae en mis manos...Así me he encontrado con algunas muy curiosas como la que vino en un conocido diario local de Murcia hace muchos años. Después del nombre del difunto y de las cosas habituales de los familiares, una frase: "...y este recordatorio, lo pagamos entre todos menos Juan, que todavía no te ha perdonado..."O este otro, dedicado con toda seguridad a una cocinera de la casa..."Nunca olvidaremos la maestria de tus manos en las comidas que nos ofrecías, en especial, tu arroz y habichuelas con hinojos..."
Y me dá pánico la gente que habla por las noches mientras duermen a pierna suelta y a tí te dan la lata con sus peroratas nocturnas. No hace mucho, en una excursión a Vilafamés, mujeres solas, me tocó compartir dormitorio con una chica a la que conocía muy poco porque de haberla conocido...
Se fueron escaqueando las otras excursionistas porque se ve que ya la habían tenido de compañera y yo, infeliz de mí, ni protesté.
-De noche, hablo un poquito- me advirtió la susodicha.
-Vaya...Si es poquito...No tiene importancia - contesté ya con bastante hipocresia y totalmente angustiada.
¿Poquito? ¡Madre de mi vida...! Aquello era un discurso de Castelar...Un mítin de los de Fidel Castro en sus mejores días...
Sobre las dos de la mañana y yo de vigía, con los ojos de buho esperando que empezase aquella a disertar, se sentó en su cama al otro lado de la mía. Hice lo mismo precipitadamente. Me estaba mirando como si no me viera y poco después comenzó una especie de letanía ininteligible. Me armé de valor después de estar escuchándola mucho, mucho rato...
-Acuéstate bonita, hala, ¡a dormir...!
Pero aquella seguía y fue subiendo el tono mientras se balanceaba de atrás adelante como el péndulo de un reloj, pero al revés. Pude entender algo:
-¡Está lloviendo, está lloviendo...! ¡Pobre trigo! ¡El trigo se moja! Hay que tapar el trigo....Y vuelta a repetir la cantinela una y otra vez.
Como habíamos dejado la luz del servicio encendida, se veía perfectamente su cara desencajada que me sobrecogía y, como el primer trago ya lo había digerido, me levanté y la obligué caritativamente a que se tumbara. Al rato vuelta a sentarse, pero esta vez con otra cantinela:
-¡Me duele, me duele...!¡La mala puta, me duele, me duele! ¡La arranco, la arranco...!
-¡La leche! - me dije- ¿qué irá a arrancar esta?¿mi cabeza?
Yo había oído que es malo despertar a estas personas, pero no pude más:
-¡Oye...! ¿qué vas a arrancar tú? ¡¡Despierta!! ¿me oyes? ¡¡Calla !!- Y la traqueteé con todas mis fuerzas hasta que se calmó y me miró con cara de susto para poco después tumbarse en su cama emitiendo quedamente una especie de quejido largo y acompasado hasta que el sueño debió vencerla.
Eso mismo debió pasarme a mí, que me quedé sin querer abandonar mi vigía, dormida como un tronco, hasta el punto que me desperté tarde y cuando ella ya había abandonado la habitación. Me arreglé rápidamente antes que pudieran cerrarme el comedor y además, no podía sacar punta a mi cara amarilla como la cera.
-¿Qué tal la noche?- me preguntó otra de las compañeras.
-Mal, muy mal. Esa chica habla hasta por los codos, se levanta, insulta...
-Sí eso dice ella, que cree que no te ha dejado dormir, pero tú bien que te has vengado, ¿eh?.
Sorpresa...
-¿Yo...? ¿por qué dices eso?
-Pues que creo que ha estado aguantando un dolor de muelas tremendo y tu no la has dejado ni moverse para que se tomara un calmante...Cada vez que se incorporaba, la empujabas para que se acostase de nuevo...¡Pobre! Ahora ha ido a la farmacia por algo fuerte antes de que le duela otra vez...

-De noche, hablo un poquito- me advirtió la susodicha.
-Vaya...Si es poquito...No tiene importancia - contesté ya con bastante hipocresia y totalmente angustiada.
¿Poquito? ¡Madre de mi vida...! Aquello era un discurso de Castelar...Un mítin de los de Fidel Castro en sus mejores días...
Sobre las dos de la mañana y yo de vigía, con los ojos de buho esperando que empezase aquella a disertar, se sentó en su cama al otro lado de la mía. Hice lo mismo precipitadamente. Me estaba mirando como si no me viera y poco después comenzó una especie de letanía ininteligible. Me armé de valor después de estar escuchándola mucho, mucho rato...
-Acuéstate bonita, hala, ¡a dormir...!
Pero aquella seguía y fue subiendo el tono mientras se balanceaba de atrás adelante como el péndulo de un reloj, pero al revés. Pude entender algo:
-¡Está lloviendo, está lloviendo...! ¡Pobre trigo! ¡El trigo se moja! Hay que tapar el trigo....Y vuelta a repetir la cantinela una y otra vez.
Como habíamos dejado la luz del servicio encendida, se veía perfectamente su cara desencajada que me sobrecogía y, como el primer trago ya lo había digerido, me levanté y la obligué caritativamente a que se tumbara. Al rato vuelta a sentarse, pero esta vez con otra cantinela:
-¡Me duele, me duele...!¡La mala puta, me duele, me duele! ¡La arranco, la arranco...!
-¡La leche! - me dije- ¿qué irá a arrancar esta?¿mi cabeza?
Yo había oído que es malo despertar a estas personas, pero no pude más:
-¡Oye...! ¿qué vas a arrancar tú? ¡¡Despierta!! ¿me oyes? ¡¡Calla !!- Y la traqueteé con todas mis fuerzas hasta que se calmó y me miró con cara de susto para poco después tumbarse en su cama emitiendo quedamente una especie de quejido largo y acompasado hasta que el sueño debió vencerla.
Eso mismo debió pasarme a mí, que me quedé sin querer abandonar mi vigía, dormida como un tronco, hasta el punto que me desperté tarde y cuando ella ya había abandonado la habitación. Me arreglé rápidamente antes que pudieran cerrarme el comedor y además, no podía sacar punta a mi cara amarilla como la cera.
-¿Qué tal la noche?- me preguntó otra de las compañeras.
-Mal, muy mal. Esa chica habla hasta por los codos, se levanta, insulta...
-Sí eso dice ella, que cree que no te ha dejado dormir, pero tú bien que te has vengado, ¿eh?.
Sorpresa...
-¿Yo...? ¿por qué dices eso?
-Pues que creo que ha estado aguantando un dolor de muelas tremendo y tu no la has dejado ni moverse para que se tomara un calmante...Cada vez que se incorporaba, la empujabas para que se acostase de nuevo...¡Pobre! Ahora ha ido a la farmacia por algo fuerte antes de que le duela otra vez...
