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domingo, 7 de noviembre de 2010

HEREDERA DE LA ALHAMBRA


Bueno, pues cualquier día la reclamo. Me refiero a la Ahambra de Granada porque ...¿para qué vamos a pensar en tener menos patrimonio? Las herencias, son las herencias.

Todos los bulos tienen algo para dar qué pensar porque la historia de que los que llevamos el apellido Rex, somos parte a tener en cuenta de esa herencia granadina y universal, es para pensarlo. Ha dado mucho que hablar en mi familia materna, portadores del breve apellido y ha dado también para reírnos las pocas veces que nos podemos reunir. Pensar en ello...pensamos porque somos muy poquitos.

Siempre creímos que el apellido era proviniente del vocablo "rey" según la declinación latina "rex- regis" y mira por donde, según un estudio heráldico, procedemos de una rama judía que andaba por España camuflada y harta de que le vinieran palos por todos los lados.

El bulo "lo trajo" como dije un par de entradas más abajo, el primo de mi abuelo, Nicolás Rex, ilustre escritor, poeta y artista en muchas artes porque lo mismo escribía, que pintaba que armaba un teatro en cuanto se lo proponía y en una reunión con parientes a cual más ilustre, valga la presunción, como eran José Martinez Tornel, Pedro Flores o José Planes, Nicolás averigua por Madrid, que en los jardines aledaños al Generalife, ya casi descolgada de la colina Cerro del Sol, junto a la Sabika, vivió en una modesta casa rodeada de huerta, una especie de mecenas cristiano que dio alojamiento a una hermosa muchacha hebrea huérfana para evitar que su desamparo le causase muchas más desgracias. Se llamaba Sara Rex...¿Época de los hechos? Ni idea. Mi abuelo materno era, además del mayor en la reunión, con formación, pero el menos intelectual, viudo desde los cuarenta y cuatro años, dedicado a su trabajo de recogida de pieles y sobre todo, a sus ocho hijos, no le dio mucho crédito a la supuesta herencia o no quiso hacerse ilusiones y distraerse de sus obligaciones.
La muchacha, que sirvió fielmente al hombre que la acogiera, no se casó y llevó una vida austera dedicada a sus quehaceres en los que se incluía el cuidado de los huertos con los que el cura fue ampliando, como pago (según) a sus labores de atención y cuidado de feligreses clandestinos, enfermos y simpatizantes y eso hizo que el hombre casi se metiera legalmente en el mismo Generalife.

Sara cambió su nombre por el de Micaela y aunque su recuerdo se difumina con el paso de los años, de forma ológrafa y a través de un sacerdote que le hace de confesor, lega en su ancianidad todo el patrimonio "alhambresco" a los parientes aquellos que ostentaran el apellido Rex...

Algo tuvo que haber, porque el ilustre arquitecto que devolvió todo el esplendor a la Alhambra, quitando toda la morralla arabesca exagerada que le habían ido poniendo, Don Leopoldo Torres Balbás (a cuyo hijo tuve ocasión de conocer ya octogenario aquí en Valencia) tuvo algún que otro problema con unos huertos de procedencia misteriosa. (Seguro que fue con el trozo de tierra que me correspondía y yo sin saberlo, (¡mecachis!).

Sea como sea, mi abuelo, sin un duro, declinó en favor de los parientes su parte en la cuestión de propiedad y se rió de la propuesta de abrir una investigación legal para reclamar derechos. Nicolás se desanimó y otros, desertaron de buscar caros abogados, pero...

El único que se interesó por la cosa, fue Pedro Flores, el más joven y asiduo a la tertulia aquella. Fue el único que acabó millonario, primero por su valía y después, quién sabe. Ahí sigue su familia, a los que no tengo el gusto de conocer, que viven muy bien aunque creo, que todo se lo deben si no estoy mal informada, a que son unos trabajadores incansables en sus respectivos negocios y son además grandes emprendedores sobre horizontes nuevos.

Creo que por 200 euros me sacan si tengo en el ADN algún gen hebreo...¿Qué me aconsejáis? ¿Podré reclamar todavía?

Perlas del Segura