lunes, 22 de enero de 2018

DOLOR


Dice mi hijo que el dolor anímico, el sufrimiento, es como una gota de aceite sobre la superficie del agua. Allí está: compacta y dominante. Si te propones que se diluya y la agitas, la gota  se divide en otras muchas más pequeñas que a veces parece que vayan a perderse abrazándose aquí y allá en el imaginario recipiente que contiene el agua  para camuflarse en la claridad de ella.  Se mueven en el grasiento baile para hacernos creer que han menguado y con ellas el sufrimiento simplificado con  la emulsión.


Basta con dejar reposar la mezcla y el aceite va poco a poco buscando de nuevo su primitiva situación de gota grande y espesa. El dolor solo estaba diluido y parecía menor.  

2 comentarios:

Mª Dolores Ar dijo...

Así es el DOLOR. Buen parangón el que te indicó tu hijo. Intentamos que desaparezca...aunque sea por unas horas, pero ahí queda. Gracias, Perlita. Pasa un buen fin de semana. Saludicos

Tesa Medina dijo...

Hola, cielo, qué bien que vuelvas a publicar. Tiene razón tu hijo al dolor es mejor tenerlo arremansado.

Y te lo digo con conocimiento, porque sé mucho de dolores, de los físicos tengo un Master, pero de los buenos, y de los anímicos tampoco me puedo quejar.

Sea lo que sea lo que te aflige, Perlita, espero que pase pronto o al menos se alivie.

Un abrazo grandote.

Perlas del Segura