Mi alumna estaba deseando hacerme sus confidencias. Se había hablado del pensamiento aristotélico de "tábula rasa" y lejos de tomarlo por donde debía ser, no había escuchado nada y se lo tomó por el camino que le interesaba.
-Profe- me dijo- no me gusta nada mi cuerpo. Estoy delgada como un palo y no lleno nada mis ropas. Soy...una tábula rasa.
Las lágrimas afloraban en sus enormes ojos azules y me interesé por su problema. La entendí desde un principio porque en esa edad, todos hemos sentido alguna vez ese escondido complejo que nos ha atormentado cuando nos comparábamos con alguna de nuestras compañeras.
-Mujer...No debes preocuparte. Hay solución para todo y con el tiempo, todo se arregla y tu eres todavía muy joven y si no, en los tiempos estos en los que te ha tocado vivir, hay operaciones para todo y no como en mi época...¡entonces sí que había que aguzar el ingenio..!
Y le conté:
- En Murcia hay mucha industria artesana de figuritas de Belén. Cada año, nuestras monjas del colegio, nos organizaban una excursión para visitar las distintas exposiciones que se hacían y acabábamos después de recorrer los Nacimientos más notables, en el monumental y maravilloso Belén de Salzillo que se exponía en la Plaza de La Cruz al aire libre, junto a una de las entradas de la Catedral.
-Íbamos en el autobús todo el grupo que formaba lo que era nuestra pandilla y se nos "pegó" otra chica, de las "nuevas" aquel año, con unas ínfulas de superioridad que nos apabullaba a todas. No solo era inteligente, alta y guapa sino que además, lucía un busto abundante y bien plantado que era la envidia de todas las que con nuestros catorce o quince años, no nos habíamos despegado todavía de nuestro aspecto de "nenas" y dejábamos vacíos y "planchados" nuestros guardapolvos escolares.
-Cantábamos como locas, coreando, chillando y nuestra nueva compañera, daba saltos, danzaba y se desgañitaba más que ninguna como para sobresalir por encima de todas en eso también. La monja de turno, viendo aquellos botes de la chica, con el pecho danzante de arriba para abajo, le recomendó que fuera más moderada, pero la otra, ni caso y seguía danzando con una total descortesía ante nuestra condición de pobres destetadas.
-Pero...al pasar por un tramo de carretera de curvas y socavones (¡bien por la justicia Divina!)nuestra cantarina amiga, fue poniéndose de un color amarillo verdoso para pasar después a un azul grisáceo y macilento. Su voz se hizo eco lejano, dejó de cantar y le dio una vomitona que también nos quitó la gana de seguir haciéndolo nosotras.
-Casi todo lo que echó...se quedó en "el altar" que era su pecho dejándolo como un basurero. En la casa de La Misericordia de las Hijas de la Caridad, una de las Sores, le buscó ropa de las chicas internas y se la dio para que se cambiase.
-Vé y acómpañala a la habitación para que le ayudes a cambiarse - me dijo.
-No, Hermana. Estoy medio mareada yo también...-Me disculpé y era verdad.
-Yo iré- se ofreció otra compasiva del grupo
-No, no hace falta, Sor-dijo la accidentada. Puedo ir sola...
-Ni hablar -dijo la monja- Si lo prefieres, voy yo. Necesitarás ayuda tal y como vas.
-Así que prefirió a la compañera que apenas conocía y es preciso enumerar las secuencias de aquella puesta de limpio:
- Primero: Pasado un rato, apareció la afectada cambiada y lavada.
-Segundo: La acompañante, salió "mosqueada"porque la primera -fue lo único que contó- la había llamado alcahueta, curiosa, metomentodo, pamplinera y "lameculos".
-Tercero: Sospechosamente, tenía una teta más alta que la otra y poco a poco a lo largo de la mañana, se le fue bajando más hasta llegar a ser un bulto deforme cerca de la cintura...
-Cuarto: Maldije la hora en que no fui yo la que no la acompañé, porque..¿qué misterio encerraba la teta caída?
A la acompañante le dio por ser discreta y sacamos en claro que aquel pecho tan envidiable, era de pura guata, falso, y que en el aire flotaba la amenaza de un guantazo de la del vómito, que era la más fuerte, a la más débil, que había sido su ayuda, si se iba de la lengua...
De repente, mi alumna, rió divertida. Me dijo que siempre podría operarse que sería más fácil engañar que con la guata y mientras, pues ...¡quam tábula rasa!