Queridos amigos, es justo que acabe ya de contar todo lo que ha pasado con el chalet de Chon, mi prima. Es que si no, no me quedo tranquila y está bien que salgáis de vuestras cosas trascendentes y culturales de vez en cuando y leer algo, pues así, doméstico, de lo que os puede pasar si tenéis algún pariente de este tipo...
La casa, me cuenta, la ha dejado preciosa en tiempo récord (yo no la veré hasta el verano, seguro) con una decoración minimalista (todo de Ikea, valga la publicidad gratuita que doy) y hasta unos operarios de ese gran comercio le han hecho un envidiable vestidor que ya quisiera yo, me dice triunfante. Bueno, un vestidor de verano no sé para qué sirve porque no creo que los bañadores ocupen mucho sitio. Así se lo he dicho a mi prima y me ha llamado envidiosa y debe ser verdad porque mis armarios están a reventar.
Dice además, que igual pasa más tiempo en la playa cuando se pre-jubile este año y va a necesitar espacio. Dudo que se mude pero no me extrañaría.
Por lo pronto, ya me ha dicho que ha "oído" por las noches y cuando está en la cama, un arrastre de cadenas y unos suspiros acompasados casi en su oído y que acaban siendo gemidos ahogados que le dan escalofríos.
-No te lo puedes figurar, prima...No me lo puedo creer -me dice con cara de sí creérselo y sabiendo mis miedos a todas esas cosas.
-¡No me digas...! -Le he contestado escéptica, incrédula y burlona- Las cadenas seguro que son las ramas de los cipreses, golpeando los canalones de lluvia...En cuanto a los suspiros, ¿estás segura? ¿Y qué haces entonces? ¿No te causan respeto?
-¡Claro que me dan respeto...! Pero lo que hago entonces es abrazarme a Paco y me pego a él con todas mis fuerzas, como una lapa y eso, me da seguridad.
-Ah...- solo se me ha ocurrido contestar, porque pensar...sí que he pensado.
Asunción, mi prima grande, proporcionada a pesar de sus ochenta y algún kilos aunque ella confiese solo setenta, poco más o menos; buenaza, pero agria y áspera, entre un limón y un membrillo, se pega a su esposo envuelta en suspiros y algún que otro gemido "fantasmal" buscando protección y defensa...Y veo a Paco abrazando a su esposa, emocionado, protegiéndola y firmando un acuerdo expreso con el fantasma de la meretriz y a punto de cantar aquello de la ópera Carmen de Bizet... "¡Toreador, la, la, lalalaaa ! ¡Oh toreador...!" a pleno pulmón. O, mejor aún, La Parranda completa que es más nuestra...
¡Ay, el amor otoñal...! Por favor: No retiren mis amigos poetas esos versos tan preciosos que voy colocando a la izquierda de mi blog y que un día me dedicaron: Sigo siendo modosita...Palabra.

